Dietas Hipoalergénicas en el Perro y el Gato: Actualización 2026

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La alergia alimentaria afecta hasta el 33 % de los perros atópicos y el 22 % de los gatos con prurito. La dieta de eliminación sigue siendo en 2026 la única herramienta diagnóstica validada para confirmar una alergia alimentaria, ya que ninguna prueba serológica o salival permite confirmarla. Descubra en este artículo completo los mecanismos inmunopatológicos y las estrategias diagnósticas actuales, desde la elección del alimento hipoalergénico hasta el manejo a largo plazo. Dieta sin cereales o a base de insectos, particularidades de estas dietas en el gato, papel de la prueba de provocación, etc. Se lo explicamos todo.

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PARTE I — MARCO NOSOLÓGICO Y EPIDEMIOLOGÍA

Capítulo 1 — Definiciones y Clasificación de las Reacciones Adversas a los Alimentos

1.1 — Reacción Adversa a los Alimentos (RAA): marco nosológico general

El término reacción adversa a los alimentos (RAA) constituye un marco nosológico que agrupa el conjunto de respuestas clínicas anormales consecutivas a la ingestión de un alimento o de un aditivo alimentario. Esta definición, adoptada por el consenso internacional, engloba mecanismos fisiopatológicos heterogéneos que se distinguen por la naturaleza de la respuesta biológica implicada (Gaschen 2011). Las RAA se subdividen en dos grandes categorías: las reacciones inmunológicas (alergias alimentarias verdaderas) y las reacciones no inmunológicas (intolerancias alimentarias, intoxicaciones alimentarias, reacciones farmacológicas a las aminas biógenas). La prevalencia exacta de las RAA resulta difícil de establecer con precisión, debido a la variabilidad de los criterios diagnósticos utilizados según los estudios y a la escasa adherencia de los propietarios a los protocolos de prueba de provocación. Los datos compilados por Olivry y Mueller (2017) indican que entre el 1 y el 2 % de los perros presentados en consulta general están afectados, cifra que se eleva al 9-40 % entre los perros con prurito (mediana: 18 %) y al 9-50 % (mediana: 29 %) en perros con un fenotipo clínico de dermatitis atópica. En el gato, la prevalencia entre los animales que presentan signos cutáneos varía del 0,22 al 6 % según las poblaciones estudiadas (Olivry 2017).

1.2 — Alergia alimentaria verdadera vs intolerancia alimentaria

La alergia alimentaria verdadera se define por una respuesta inmunológica específica dirigida contra una o varias proteínas alimentarias, que implica al sistema inmunitario adaptativo. Esta respuesta puede estar mediada por las inmunoglobulinas E (IgE) a través de una hipersensibilidad de tipo I según la clasificación de Gell y Coombs (Pucheu-Haston 2020), o por los linfocitos T mediante una hipersensibilidad de tipo IV (Jackson 2023). La intolerancia alimentaria, por el contrario, no implica al sistema inmunitario adaptativo. Resulta de mecanismos no inmunológicos como déficits enzimáticos (déficit de lactasa), reacciones farmacológicas a las aminas biógenas (histamina, tiramina contenidas en ciertos productos fermentados), o efectos tóxicos directos (Mueller 2018). La distinción entre estas dos entidades reviste una importancia clínica mayor: la alergia verdadera genera reacciones reproducibles a dosis a veces ínfimas del alérgeno, mientras que la intolerancia suele ser dosis-dependiente. En la práctica clínica veterinaria, esta distinción resulta sin embargo difícil de establecer sin una prueba de provocación estandarizada, ya que las manifestaciones cutáneas y digestivas son frecuentemente superponibles.

1.3 — La Reacción Cutánea Adversa a los Alimentos (RCAA) / Cutaneous Adverse Food Reaction (CAFR): Definición y terminología internacional

El término RCAA — o CAFR en la literatura anglosajona — designa específicamente las manifestaciones dermatológicas secundarias a la ingestión de un alimento (Olivry 2019). Esta terminología ha sido actualizada para armonizar la nomenclatura entre las distintas publicaciones. La RCAA se distingue de la dermatitis atópica ambiental (DAA) por su etiología alimentaria, aunque ambas entidades comparten un fenotipo clínico comparable — en particular un prurito no estacional que afecta las extremidades, los pabellones auriculares y las zonas de flexión. En el perro, el 94 % de los casos de RCAA se manifiestan por un prurito como signo dominante (Olivry 2019). En el gato, el término Síndrome Atópico Felino (SAF) incluye también la DAA felina, lo que refleja la dificultad de disociarlos sin una dieta de exclusión alimentaria.

croquetas hipoalergénicas para perro

Las lesiones labiales son frecuentemente presentes en caso de alergia alimentaria

1.4 — Mecanismos mediados por IgE y no mediados por IgE

Los mecanismos inmunopatológicos que subyacen a las alergias alimentarias caninas y felinas implican dos vías principales. La vía mediada por IgE (tipo I) se basa en la producción de IgE específicas dirigidas contra glicoproteínas alimentarias cuyo peso molecular se sitúa entre 10 y 70 kDa (Cave 2006). Ante una reexposición, estas IgE fijadas en los receptores FcεRI de los mastocitos tisulares provocan la degranulación mastocitaria y la liberación de histamina, leucotrienos y prostaglandinas, que están en el origen de un eritema, un prurito y un edema localizado. La vía T-celular (tipo IV), no mediada por IgE, implica a los linfocitos T auxiliares (Th1 y Th2) y se manifiesta de manera retardada, entre 24 y 72 horas después de la ingestión. Los datos in vitro (Masuda 2020) indican que la hidrólisis enzimática, incluso generando péptidos de muy bajo peso molecular (1 a 3,5 kDa), no suprime totalmente los epítopos reconocidos por los linfocitos T. Se detectó una activación linfocitaria en aproximadamente el 28,8 % de los perros analizados. Sin embargo, este reconocimiento celular se mantiene muy mayoritariamente por debajo del umbral de reactividad clínica (solo alrededor del 2 % de los pacientes alcanzan el umbral de activación linfocitaria del 1,2 % correlacionado con los síntomas). Por consiguiente, las dietas hidrolizadas de alta calidad conservan una eficacia clínica notable in vivo y representan una opción de elección para la dieta de exclusión, aunque una reactividad residual muy rara mediada por linfocitos T (tipo IV) pueda explicar ciertos fracasos refractarios. Esta constatación subraya que la hidrólisis proteica, incluso intensa, no suprime totalmente el potencial inmunógeno T-celular de las proteínas alimentarias.

Capítulo 2 — Epidemiología y Prevalencia de las RCAA

2.1 — Prevalencia en la población general y entre los perros con prurito

Los datos epidemiológicos compilados en la serie de revisiones críticas (Critically Appraised Topics) publicadas por Olivry y Mueller entre 2015 y 2020 proporcionan el marco de referencia actual. La prevalencia de las RCAA en la población canina general se sitúa entre el 1 y el 2 % (Olivry 2017). Esta cifra aumenta de manera significativa cuando se consideran poblaciones seleccionadas: entre los perros que presentan un prurito crónico, la prevalencia mediana alcanza el 18 % (intervalo: 9 al 40 %), y entre los que padecen dermatitis alérgica, se eleva al 29 % (intervalo: 9 al 50 %). En el gato, los datos son menos abundantes pero convergen hacia una prevalencia del 12 al 22 % entre los sujetos que presentan signos cutáneos alérgicos y del 0,22 al 6 % en la población general. Estas cifras justifican la integración sistemática de la dieta de exclusión en la exploración de todo prurito no estacional en el animal de compañía.

2.2 — Distribución bimodal de la edad de aparición

La edad de aparición de las RCAA presenta una distribución bimodal. El primer grupo de edad corresponde a los perros jóvenes de menos de un año: el 38 % de los casos se declaran antes de los 12 meses y el 22 % antes de los 6 meses (Olivry 2019). La edad media de inicio es de 2,9 años (intervalo: 1 a 13 años), con un segundo pico en los perros de más de 7 años. En los cachorros, esta particularidad obliga a considerar la alergia alimentaria desde las primeras manifestaciones de prurito, antes incluso de contemplar una sensibilización ambiental que se desarrolla habitualmente de manera progresiva. En el gato, la edad de aparición es más variable, con casos registrados de 3 meses a 11 años. La distribución bimodal en el perro sugiere dos ventanas de sensibilización distintas: una precoz, ligada a la inmadurez de la barrera intestinal y del tejido linfoide asociado al intestino (GALT), y otra tardía, posiblemente relacionada con una ruptura adquirida de la tolerancia oral.

2.3 — Predisposiciones raciales

Varias razas presentan una sobrerrepresentación en los estudios sobre las RCAA. En el perro, el West Highland White Terrier (WHWT) se distingue por un fenotipo clínico marcado por un prurito generalizado, un eritema facial severo y piodermatitis recidivantes localizadas en el tronco ventral y los miembros. El Labrador Retriever y el Golden Retriever desarrollan pododermatitis bilaterales crónicas, otitis ceruminosas recidivantes y un eritema interdigital que se extiende progresivamente a las zonas de flexión. Su respuesta a las dietas de eliminación es generalmente satisfactoria, con una mejoría clínica notable entre 4 y 6 semanas. El Boxer presenta un perfil cutáneo dominado por un eritema periocular y perioral, con una componente digestiva frecuente (flatulencias, heces blandas). El Pastor Alemán se caracteriza por una afectación perineal y ventral severa, frecuentemente complicada con piodermatitis profundas. El Cocker Spaniel desarrolla otitis externas crónicas proliferativas, con una dermatitis por Malassezia secundaria resistente a los tratamientos tópicos. En el gato, la raza Siamesa muestra una predisposición con una expresión clínica de predominio facial y cervical (Olivry 2019). A diferencia de la ictiosis del Labrador (mutación PNPLA1), no se ha identificado hasta la fecha ningún gen de susceptibilidad específico a las RCAA, lo que constituye una laguna mayor en la comprensión del determinismo genético de esta afección.

 

2.4 — Co-sensibilización y pluriaalergenicidad

La co-sensibilización alimentaria y ambiental representa una realidad clínica frecuente. Una proporción significativa de perros con dermatitis atópica ambiental (DAA) presenta simultáneamente una RCAA: las estimaciones varían del 13 al 33 % según los estudios (Jackson 2023). Esta concurrencia patológica complica el proceso diagnóstico, ya que la mejoría parcial bajo dieta de eliminación puede verse enmascarada por la persistencia del prurito ligado a la componente ambiental. Los trastornos gastrointestinales concomitantes (diarrea, vómitos, aumento de la frecuencia de defecación) se registran en el 20 al 30 % de los perros y los gatos con RCAA (Mueller 2018). En el perro, los animales con una RAA presentan esencialmente diarrea, el 2 % vómitos aislados y el 5 % ambos signos combinados. En el gato, la proporción de vómitos (38 %) es más elevada que en el perro, lo que refleja una afectación más frecuente del tracto digestivo superior y del estómago (Mueller 2018).

2.5 — Datos epidemiológicos: tendencias emergentes y nuevos estudios

Los datos recientes confirman una tendencia al aumento aparente de la prevalencia de las RCAA, probablemente multifactorial. El estudio prospectivo multicéntrico de Lewis et al., realizado sobre 57 perros con prurito, registra una tasa de diagnóstico de RCAA del 44,7 % (21/47 perros que completaron el estudio), cifra superior a los datos históricos (Esta tasa, superior a los datos históricos, debe interpretarse en el contexto de una población altamente seleccionada de pacientes referidos por sospecha de dermatitis alérgica, lo que introduce un sesgo de selección mayor (Lewis TP 2025). No puede extrapolarse directamente a la población canina general). Este aumento podría reflejar una mejora de los protocolos diagnósticos, una mayor sensibilización de los profesionales, o una modificación real de la exposición alergénica relacionada con la evolución de las fórmulas alimentarias comerciales. La diversificación de las fuentes proteicas en los alimentos para animales de compañía (uso creciente de proteínas animales exóticas, de insectos, de leguminosas) modifica el perfil de exposición antigénica y podría explicar la aparición de nuevas sensibilizaciones (Villaverde 2024).

PARTE II — INMUNOPATOLOGÍA Y ALÉRGENOS

Capítulo 3 — Bases Inmunopatológicas de las Reacciones Alimentarias

3.1 — Tolerancia oral y GALT

La tolerancia oral se basa en las células dendríticas CD103+ de la lámina propia intestinal, que capturan los antígenos luminales (a través de las uniones epiteliales, y por macrófagos que presentan prolongaciones transepiteliales) y migran hacia los ganglios linfáticos mesentéricos (Jackson 2023). En estos ganglios, inducen la diferenciación de linfocitos T vírgenes en linfocitos T reguladores (Treg) que expresan el factor de transcripción FoxP3. Estos Treg secretan citocinas inmunosupresoras — principalmente la IL-10 y el TGF-β — que mantienen un estado de no reactividad frente a los antígenos alimentarios. La estabilidad de este mecanismo depende de la integridad de la barrera epitelial intestinal, de la composición del microbioma intestinal y de la maduración del sistema digestivo. En los cachorros, la inmadurez del GALT (Gut-Associated Lymphoid Tissue) y la permeabilidad intestinal aumentada crean una ventana de vulnerabilidad que explica la frecuencia de las sensibilizaciones precoces.

3.2 — Ruptura de la tolerancia

Entre los mecanismos propuestos para la ruptura de la tolerancia oral figura la liberación de TSLP por los enterocitos lesionados, bien documentada en medicina humana y en el ratón. Los datos directos en el perro y el gato siguen siendo limitados en la literatura, y esta vía se extrapola actualmente desde los modelos humanos de alergia alimentaria.

3.3 — Cambio isotípico IgE

El cambio isotípico hacia las IgE representa la etapa crítica de la sensibilización alérgica. Bajo la influencia de la IL-4 y la IL-13 producidas por los linfocitos Th2, los linfocitos B realizan una recombinación genética a nivel de la región switch Sε del gen de las cadenas pesadas de inmunoglobulinas, conduciendo a la producción de IgE específicas del alérgeno alimentario. Estas IgE se fijan a continuación en los receptores de alta afinidad FcεRI expresados en la superficie de los mastocitos tisulares cutáneos e intestinales. Esta sobreexpresión reduce el umbral de degranulación mastocitaria y explica la hipersensibilidad clínica a dosis bajas de alérgenos. Ante una reexposición, la reticulación simultánea de dos IgE de membrana adyacentes por un alérgeno multivalente desencadena la cascada de degranulación, con liberación de histamina, triptasa y prostaglandinas, responsables del prurito, el eritema y el edema característicos.

3.4 — Mecanismo T-celular no mediado por IgE

La componente T-celular de las RCAA constituye un eje de investigación en plena expansión. Los estudios de blastogénesis linfocitaria realizados por Fujimura et al. han demostrado una proliferación significativa de los linfocitos T en respuesta a los alérgenos alimentarios en perros con RCAA confirmada (Fujimura 2011). Masuda et al. han refinado estos resultados utilizando la citometría de flujo para analizar las células mononucleadas de sangre periférica (PBMC) de 316 perros con sospecha de alergia alimentaria (Masuda 2020). Los resultados muestran que los extractos de dietas hidrolizadas contenían proteínas o péptidos de peso molecular comprendido entre 1 y 3,5 kDa, capaces de estimular los linfocitos T auxiliares CD25low. La tasa de respuesta linfocitaria positiva a los extractos hidrolizados alcanzaba el 28,8 % (91/316 muestras) para la primera dieta analizada y el 23,7 % (75/316) para la segunda. Entre las 186 muestras también reactivas a los antígenos aviares, estas tasas se elevaban al 38,7 % y al 29,6 % respectivamente. Sin embargo, sería erróneo concluir que las dietas hidrolizadas presentan una tasa de fracaso de casi el 30 % relacionada con una estimulación T-celular. En efecto, esta activación solo alcanza el umbral de pertinencia clínica (susceptible de desencadenar una recaída dermatológica in vivo) en aproximadamente el 2 % de los casos. El riesgo de fracaso clínico por estimulación de los linfocitos T es por tanto muy bajo y circunscrito principalmente a los animales que ya presentan una hipersensibilidad celular severa a la proteína de origen del hidrolizado (ej: hidrolizado de plumas en un perro muy alérgico al pollo). Las dietas hidrolizadas extensivas siguen siendo por consiguiente una herramienta diagnóstica de primera intención altamente fiable.

3.5 — Reactividades cruzadas

Las reactividades cruzadas entre alérgenos alimentarios representan un desafío clínico mayor para la selección de las dietas de eliminación con proteínas nuevas. Bexley et al. han demostrado mediante ELISA una reactividad cruzada IgE significativa entre las proteínas de pollo y de pescado en el perro (Bexley 2019): entre los sueros caninos que presentaban IgE elevadas anti-pollo, el 97 % reaccionaban también con los extractos de pavo y de pato (Olivry 2017). El estudio de Olivry et al. sobre 40 sueros caninos y 40 sueros felinos ha mostrado que las IgE anti-pollo reconocían la carne de pavo (97 % de los perros, 84 % de los gatos) y la carne de pato (97 % de los perros, 97 % de los gatos), confirmando una reactividad cruzada extensa dentro de la familia de las Gallináceas (Olivry 2017). La reactividad cruzada bóvido-cordero, ligada a epítopos conservados entre las proteínas de los Ruminantia (en particular la albúmina sérica bovina Bos d 6 y sus homólogos ovinos), está documentada de manera menos sistemática pero debe anticiparse al seleccionar una fuente proteica alternativa. Sin embargo, su incidencia clínica real en las RCAA caninas y felinas sigue insuficientemente documentada en la literatura veterinaria para cuantificar con precisión el riesgo. El síndrome pólenes-alimentos, bien descrito en medicina humana, se sospecha en el perro atópico sensibilizado a ciertos pólenes de gramíneas que reaccionan de manera cruzada con proteínas de cereales (trigo, maíz).

Capítulo 4 — Principales Alérgenos Alimentarios según los Estudios

4.1 — Revisión sistemática Mueller et al. 2016 (1985–2015): Metodología y resultados

La revisión sistemática publicada por Mueller, Olivry y Prelaud (2016) constituye la referencia metodológica para la identificación de los alérgenos alimentarios en medicina veterinaria. Este análisis compiló los datos de 297 perros y 78 gatos cuyo diagnóstico de RCAA había sido confirmado mediante dieta de eliminación seguida de pruebas de provocación individuales por ingredientes entre 1985 y 2015. La metodología se basaba en criterios de inclusión estrictos: solo se retuvieron los estudios que notificaban una mejoría clínica bajo dieta de exclusión seguida de una recidiva documentada durante la reintroducción del alimento incriminado. Las provocaciones debían realizarse con ingredientes individuales para permitir la identificación específica del alérgeno responsable. Este rigor metodológico explica el número relativamente limitado de sujetos incluidos a pesar del período de análisis extendido a 30 años.

4.2 — Principales alérgenos en el perro: Vacuno (34 %), Productos lácteos (17 %), Pollo (15 %), Trigo (13 %), Cordero (5 %)

En el perro, la jerarquía de los alérgenos alimentarios establecida por Mueller, Olivry y Prelaud sitúa el vacuno en primera posición con el 34 % de las reacciones positivas durante las pruebas de provocación, seguido de los productos lácteos (17 %), el pollo (15 %), el trigo (13 %) y el cordero (5 %). La soja, el maíz y el huevo representan cada uno menos del 5 % de las sensibilizaciones confirmadas. Estos datos contradicen la percepción popular según la cual los cereales constituirían los principales alérgenos alimentarios caninos: en realidad, las proteínas animales (vacuno, productos lácteos, pollo, cordero) totalizan más del 70 % de las sensibilizaciones. La elevada frecuencia del vacuno como alérgeno refleja su presencia casi ubicua en los piensos y alimentos comerciales para perro, confirmando la correlación entre la exposición alimentaria prolongada y el riesgo de sensibilización. El trigo, aunque menos frecuentemente incriminado que las proteínas animales, representa la fuente glucídica más alergénica, con una reactividad ligada a las gliadinas y gluteninas contenidas en el gluten.

4.3 — Principales alérgenos en el gato: Vacuno (18 %), Pescado (17 %), Pollo (5 %)

En el gato, el perfil alergénico difiere sensiblemente del del perro. El vacuno representa el 18 % de las sensibilizaciones confirmadas, seguido del pescado (17 %) y el pollo (5 %) (Mueller 2018). La posición del pescado en segundo lugar refleja la alta proporción de proteínas de pescado en la alimentación felina comercial, en particular en las patés y las recetas a base de atún, de salmón y de pescado blanco. Los productos lácteos y el trigo se registran en menos del 5 % de los casos felinos. El cordero y el huevo figuran entre los alérgenos menores. Los datos específicos del gato siguen siendo limitados por el número reducido de sujetos que se han beneficiado de pruebas de provocación individuales en los estudios publicados (78 gatos en el metaanálisis de Mueller 2016), y deben interpretarse con precaución. La aparición de nuevas dietas a base de insectos (Hermetia illucens, Tenebrio molitor) para la especie felina podría modificar este perfil en los próximos años, aunque los datos de alergenicidad de estas fuentes proteicas siguen siendo limitados.

4.4 — Caracterización molecular de los epítopos

La caracterización molecular de los alérgenos alimentarios mediante el diagnóstico resuelto en componentes (Component-Resolved Diagnostics, CRD) abre nuevas perspectivas para la comprensión de los mecanismos de sensibilización. La albúmina sérica bovina Bos d 6 (peso molecular: 67 kDa) constituye uno de los principales alérgenos del vacuno identificados en el perro. Su estructura terciaria conservada entre los mamíferos explica las reactividades cruzadas observadas entre vacuno, cordero y ciervo. La ovomucoide Gal d 1 (28 kDa), principal alérgeno del huevo de gallina, presenta una resistencia térmica y enzimática que mantiene su alergenicidad tras la cocción y la digestión gástrica. La parvalbúmina (Gad m 1, ~11,5 kDa) representa un alérgeno mayor de los pescados, con homólogos conservados en el salmón, la trucha y el bacalao (Bexley 2019). La enolasa (Gad m 2, ~47-50 kDa) es un alérgeno adicional cuya prevalencia de sensibilización es menor. Estos datos moleculares permiten anticipar las reactividades cruzadas al elegir una proteína nueva para la dieta de eliminación y podrían, a largo plazo, mejorar la precisión de las pruebas diagnósticas in vitro.

4.5 — Aditivos alimentarios y aminas biógenas

El papel de los aditivos alimentarios (colorantes, conservantes, aromas) y de las aminas biógenas (histamina, tiramina, putrescina) en las RAA del perro y del gato sigue siendo marginal en la literatura científica. Los estudios disponibles solo registran raros casos de reacciones atribuidas a aditivos específicos, y ninguna prueba sólida apoya su implicación frecuente en las RCAA (Mueller 2018). Las aminas biógenas, presentes en concentración variable en los alimentos fermentados o mal conservados, pueden provocar reacciones dosis-dependientes (vasodilatación, prurito) mediante un mecanismo farmacológico directo que implica los receptores H1 y H2 de la histamina, sin intervención del sistema inmunitario adaptativo. Estas reacciones corresponden a la intolerancia alimentaria y no a la alergia verdadera. La distinción es importante en la práctica clínica, ya que estas reacciones no recurren durante las pruebas de provocación realizadas con ingredientes frescos de buena calidad.

4.6 — Tabla comparativa: Alérgenos perro vs gato

El perfil alergénico del perro y del gato presenta similitudes (predominio de las proteínas animales, escasa implicación de los cereales) pero también diferencias notables. El vacuno domina en ambas especies, con el 34 % en el perro frente al 18 % en el gato. El pescado ocupa el segundo lugar en el gato (17 %) mientras que sigue siendo un alérgeno menor en el perro (< 5 %). El pollo representa el 15 % de las sensibilizaciones caninas frente al 5 % de las felinas. Los productos lácteos, frecuentes en el perro (17 %), apenas se registran en el gato. El trigo constituye el tercer alérgeno canino (13 %) pero resulta anecdótico en el gato. Estas diferencias reflejan los perfiles de exposición alimentaria propios de cada especie y la composición típica de los piensos y patés comerciales disponibles en España.

4.7 — Nuevas fuentes proteicas incriminadas

La rápida evolución del mercado del petfood modifica el perfil de exposición antigénica de los perros y los gatos. La democratización de las dietas a base de pato, ciervo, canguro y salmón en las gamas de gran consumo (OTC) reduce progresivamente el repertorio de proteínas «nuevas» para un animal dado. Los piensos sin cereales, «grain-free» a base de leguminosas (guisantes, lentejas) y patata, muy populares desde 2018, introducen nuevos alérgenos potenciales cuya incidencia en las RCAA aún no está documentada de manera sistemática.

La cuestión de la seguridad cardiovascular de estas dietas sin cereales se plantea además desde la alerta publicada por la FDA en 2018, que registró 1 100 notificaciones — de las cuales 560 casos de miocardiopatía dilatada (MCD) — en perros de razas normalmente no predispuestas (Golden Retriever, Labrador Retriever, Bulldog), en asociación con el consumo prolongado de dietas sin cereales ricas en leguminosas (Freeman 2018). Los mecanismos evocados comprenden un déficit de taurina relacionado con la biodisponibilidad reducida de la lisina y la metionina en las fórmulas con alto contenido en leguminosas, una interacción entre las lectinas vegetales y la mucosa intestinal, y la presencia de compuestos antinutricionales que reducen la absorción de los aminoácidos azufrados (Adin 2019). Aunque la actualización de la FDA en 2022 precisó que la causalidad no estaba formalmente establecida, esta vigilancia se impone al prescribir de manera prolongada dietas sin cereales a base de leguminosas, especialmente en las razas con mayor riesgo como el Golden y el Labrador Retriever.

El uso creciente de proteínas de insectos (harina de mosca soldado negra, Hermetia illucens; gusano de la harina, Tenebrio molitor) en las fórmulas alimentarias para animales constituye una tendencia emergente. El estudio de Majewski et al. (2021), publicado en Animals (Basel), demostró en perros atópicos la fijación de IgE séricas caninas sobre proteínas extraídas de Tenebrio molitor, con identificación de 17 proteínas alergénicas entre las que se encuentran la tropomiosina, la α-amilasa y la proteína cuticular Tm-E1a — todas ellas reconocidas como alérgenos cruzados con los ácaros de almacenamiento y del polvo doméstico (Dermatophagoides farinae, Tyrophagus putrescentiae). Rodríguez-Pérez et al. completaron estos datos con una cartografía in silico de los epítopos B y T de la tropomiosina, confirmando la conservación filogenética de esta molécula en todos los artrópodos y el carácter bidireccional de la reactividad cruzada: un animal sensibilizado a los ácaros puede reaccionar a los insectos, y viceversa (Rodríguez-Pérez 2024). Estos datos imponen prudencia en el uso de dietas a base de insectos en todo perro o gato que presente una sensibilización documentada a los ácaros. En ausencia de estudios de provocación controlados en la especie canina y felina, estas dietas no deberían utilizarse como dietas de eliminación en animales atópicos sensibilizados a los ácaros, hasta la validación clínica de este riesgo.

PARTE III — EXPRESIÓN CLÍNICA

Capítulo 5 — Manifestaciones Clínicas en el Perro

5.1 — Prurito no estacional

El prurito no estacional constituye el signo cardinal de las RCAA en el perro, registrado en el 94 % de los sujetos en la revisión sistemática de Olivry y Mueller (2019). Este prurito se caracteriza por su persistencia a lo largo de todo el año, independientemente de las estaciones polínicas, a diferencia del prurito de la DAA estrictamente ambiental que presenta una estacionalidad marcada en las regiones templadas. La intensidad del prurito, evaluada mediante la escala analógica visual del prurito (PVAS, 0-10), se sitúa habitualmente entre 5 y 9 en los perros con RCAA no tratada. El valor diagnóstico del carácter no estacional del prurito es sin embargo relativo: aproximadamente el 30 % de los perros atópicos sensibilizados a los ácaros presentan también un prurito perenne. Por tanto, el carácter no estacional orienta hacia la RCAA pero no la confirma. Una respuesta clínica incompleta a los glucocorticoides se registra frecuentemente en las RCAA y constituye un indicio clínico indirecto que orienta hacia una componente alimentaria. Sin embargo, ningún umbral cuantitativo de respuesta (como el 50 %) ha sido validado por un estudio diagnóstico controlado. Este criterio debe interpretarse en asociación con los demás elementos de orientación clínica (carácter no estacional, signos digestivos, edad de aparición) y no puede en ningún caso sustituir a la dieta de eliminación.

5.2 — Distribución topográfica

La distribución topográfica de las lesiones cutáneas en las RCAA caninas es superponible a la de la DAA, lo que hace imposible la distinción clínica sin dieta de exclusión. Las otitis externas recidivantes bilaterales constituyen una de las manifestaciones más frecuentes de las RCAA caninas, registradas en el 24 al 80 % de los casos según los estudios, con una mediana de aproximadamente el 50-60 % (Olivry y Mueller, 2019). Este signo es sin embargo también muy frecuente en la DAA ambiental y no presenta especificidad diagnóstica suficiente para diferenciar las dos etiologías. La afectación pedal se traduce por una pododermatitis eritematosa interdigital, con un prurito marcado de los espacios interdigitales palmares y plantares. Las regiones axilares, inguinales y perineales presentan un eritema difuso con engrosamiento cutáneo (liquenificación) en casos de evolución crónica. La cara ventral del abdomen y la cara interna de los muslos, desde la región inguinal hasta la cara interna de los jarretes, están frecuentemente afectadas. El pelaje puede presentar una coloración parduzca debida al lamido crónico, visible en los perros de pelaje claro. La piel de las zonas de flexión (codos, carpos, tarsos) muestra una hiperpigmentación y una liquenificación que testimonian la cronicidad del prurito.

5.3 — Lesiones primarias y secundarias

Las lesiones primarias de las RCAA caninas comprenden el eritema (difuso o localizado), las pápulas y, más raramente, la urticaria. El eritema representa la lesión más precoz, observable desde las primeras horas tras la exposición al alérgeno durante las pruebas de provocación. Las pápulas, de pequeño tamaño (2-5 mm), están dispersas sobre el tronco ventral y los miembros. Las lesiones secundarias resultan del autotraumatismo y de las sobreinfecciones oportunistas. La piodermatitis superficial por Staphylococcus pseudintermedius constituye una complicación frecuente de las dermatitis alérgicas, incluidas las RCAA, aunque la tasa exacta de aparición específicamente en las RCAA no está cuantificada de manera distinta en la literatura. La elevada prevalencia de estas sobreinfecciones secundarias impone su detección y tratamiento antes y durante la dieta de eliminación. La dermatitis por Malassezia (proliferación de Malassezia pachydermatis) agrava el prurito y genera un eritema graso y odorante, predominante en los pliegues cutáneos, los conductos auditivos y los espacios interdigitales. Estas sobreinfecciones secundarias deben tratarse antes y durante la dieta de eliminación, ya que su persistencia puede enmascarar la mejoría clínica ligada a la exclusión del alérgeno alimentario y simular un fracaso diagnóstico.

5.4 — Resistencia relativa a los glucocorticoides

La resistencia relativa a los glucocorticoides constituye un indicio diagnóstico indirecto a favor de una componente alimentaria. Los perros con RCAA presentan una respuesta al prurito bajo prednisona significativamente inferior a la observada en la DAA estrictamente ambiental. Favrot et al. evaluaron la utilidad de una corticoterapia corta (prednisolona, 0,5 mg/kg/día durante 14 días) durante la fase inicial de la dieta de eliminación en perros con dermatitis atópica de origen alimentario (Favrot 2019). Los resultados muestran que la adición de una corticoterapia corta mejora la adherencia del propietario al reducir el prurito desde las primeras semanas, sin comprometer la interpretación de la dieta de eliminación al final. El oclacitinib a la dosis de 0,4-0,6 mg/kg por vía oral dos veces al día durante 14 días y luego una vez al día, constituye una alternativa para el control del prurito durante la fase inicial de la dieta.

5.5 — Manifestaciones gastrointestinales concomitantes

Las manifestaciones gastrointestinales asociadas a las RCAA caninas se registran en el 20 al 30 % de los sujetos (Mueller 2018). Entre estos perros, la diarrea es la manifestación predominante, frecuentemente asociada a vómitos, aunque los vómitos aislados raramente se observan (Mueller y Olivry, 2018). Los signos más frecuentes comprenden un aumento de la frecuencia de defecación (> 3 deposiciones por día), diarrea crónica del intestino delgado o del colon, borborigmos, flatulencias y, más raramente, vómitos. El uso de dietas de segunda generación a base de proteínas ultrahidrolizadas muestra una eficacia notable en los casos de enteropatías crónicas caninas refractarias, pero requiere una adherencia prolongada. Un estudio piloto (Freiche 2025) demostró que la tasa de remisión clínica, inicialmente del 61,5 % tras 5 semanas, progresa significativamente para superar el 90 % tras 10 semanas de dieta estricta. Esta cinética lenta pone de manifiesto la importancia de mantener los ensayos dietéticos gastrointestinales durante un mínimo de 8 a 10 semanas antes de concluir en un fracaso terapéutico. Rodrigues et al. confirmaron en un estudio retrospectivo multicéntrico la asociación entre el tipo de dieta utilizada y la respuesta terapéutica en perros con enteropatía crónica, subrayando la importancia de la elección del alimento en el manejo global. La evaluación del sistema digestivo mediante un balance coprológico, y en su caso mediante endoscopia con biopsias intestinales, sigue recomendándose en casos de signos digestivos predominantes o resistentes (Rodrigues 2025).

Capítulo 6 — Manifestaciones Clínicas en el Gato

6.1 — Síndrome Atópico Felino (SAF): Definición y lugar de las RCAA

El Síndrome Atópico Felino (SAF) agrupa el conjunto de las dermatitis alérgicas del gato, ya sean de origen alimentario (RCAA) o ambiental (DAA felina). Esta clasificación, propuesta por Hobi et al. (Hobi 2011) y retomada en el consenso internacional, refleja la imposibilidad clínica de distinguir estas dos etiologías sin dieta de exclusión. Las RCAA representan una proporción significativa del SAF: el 12 al 22 % de los gatos con prurito presentan una mejoría clínica bajo dieta de eliminación confirmada por prueba de provocación (Olivry 2017). El SAF se caracteriza por un polimorfismo clínico propio de la especie felina, con cuatro patrones cutáneos principales que pueden coexistir en un mismo sujeto.

6.2 — Patrones clínicos

La expresión clínica del SAF de origen alimentario adopta los cuatro patrones cutáneos clásicos de la alergia felina. El complejo granuloma eosinofílico comprende la placa eosinofílica (placa eritematosa, elevada, erosiva, localizada en la cara interna de los muslos y el abdomen ventral), la úlcera atónica (úlcera labial superior, no dolorosa, de forma ovalada) y el granuloma lineal (nódulo firme, lineal, localizado en la cara caudal de los muslos). La dermatitis miliar, caracterizada por múltiples pápulo-costras diseminadas sobre el tronco dorsal y el cuello, representa el patrón más frecuente. La alopecia autoinducida, durante mucho tiempo calificada de «psicógena», resulta en realidad de un prurito discreto y de un lamido compulsivo; predomina sobre el abdomen ventral y la cara interna de los muslos, generando una alopecia bilateral simétrica sin lesión cutánea visible. Silva et al. han notificado el interés de una dieta hipoalergénica en el control de lesiones bucales eosinofílicas en el gato, confirmando el vínculo entre RCAA y complejo eosinofílico oral (Silva 2024).

6.3 — Prurito facial y cervical

El prurito facial y cervical constituye una presentación clínica evocadora, aunque no patognomónica, de RCAA en el gato. Las excoriaciones faciales, localizadas en las regiones perioculares, temporales y pretrágicas, suelen ser severas y conducen a erosiones profundas con costras serohemorrágicas. El prurito cervical dorsal (cara dorsal del cuello y base de las orejas) genera lesiones autotraumáticas lineales (excoriaciones en arañazo) que pueden confundirse con una ectoparasitosis. La combinación prurito facial + prurito cervical + dermatitis miliar debe hacer sospechar en primer lugar una RCAA y justifica la instauración de una dieta de eliminación tras la exclusión de los ectoparásitos. La severidad del prurito facial tiene un impacto directo sobre el bienestar y la calidad de vida del gato, justificando el recurso a un tratamiento antipruriginoso de acompañamiento durante la fase inicial de la dieta.

6.4 — Manifestaciones extracutáneas

Las manifestaciones extracutáneas de las RCAA felinas comprenden signos digestivos (vómitos en el 38 % de los casos, diarrea en el 45 %, ambos combinados en el 18 %; Mueller 2018), conjuntivitis bilaterales, rinitis crónicas y, más raramente, signos respiratorios (estornudos, sibilancias). La elevada proporción de vómitos en el gato (38 % vs 2 % en el perro) refleja una afectación más frecuente del tracto digestivo superior y del estómago. La conjuntivitis alérgica, caracterizada por un quemosis bilateral y una secreción serosa, se registra en aproximadamente el 10 % de los casos de SAF de origen alimentario. Un comportamiento hiperactivo y un aumento de la frecuencia de los maullidos han sido descritos de manera anecdótica en algunos estudios.

6.5 — Diferencias semiológicas entre perro y gato

Las diferencias semiológicas entre las dos especies son fundamentales para orientar el proceso diagnóstico. En el perro, el prurito es el signo dominante en el 94 % de los casos, con una topografía pedal, auricular e inguinal característica. En el gato, la expresión cutánea es más polimorfa, con un predominio del prurito facial y cervical, y la ausencia de pododermatitis significativa. Las otitis externas recidivantes, frecuentes en el perro (50-80 %), son raras en el gato (< 10 %). Los signos digestivos, presentes en el 20-30 % de los perros, alcanzan el 40-50 % de los gatos. La resistencia a los glucocorticoides, indicativa de una componente alimentaria en el perro, está menos bien documentada en el gato. La duración óptima de la dieta de eliminación es comparable en ambas especies (8 semanas mínimo), pero las restricciones prácticas difieren considerablemente debido a la neofobia alimentaria felina y al riesgo de lipidosis hepática.

PARTE IV — PROCESO DIAGNÓSTICO Y LUGAR EN LA EXPLORACIÓN ATÓPICA

Capítulo 7 — Diagnóstico Diferencial

7.1 — Algoritmo diagnóstico del prurito crónico no estacional

La exploración de un prurito crónico no estacional en el perro y el gato sigue un algoritmo secuencial cuyo rigor condiciona la fiabilidad del diagnóstico final. La primera etapa consiste en excluir las ectoparasitosis (sarna sarcóptica, demodecia, queiletielosis, pulicosis) mediante un tratamiento antiparasitario de prueba sistemático durante 6 a 8 semanas. La segunda etapa se ocupa del tratamiento de las sobreinfecciones cutáneas bacterianas y fúngicas que mantienen el prurito independientemente de la etiología primaria. La tercera etapa, una vez excluidas o controladas las ectoparasitosis y sobreinfecciones, corresponde a la exploración de la dermatitis atópica, de la que la RCAA representa una componente esencial. La dieta de eliminación se inscribe en esta tercera etapa y debe realizarse antes o durante el estudio alergológico ambiental (pruebas intradérmicas o séricas IgE).

7.2 — Posición de la dieta de exclusión en el proceso atópico

La cuestión de la secuencia entre la dieta de eliminación y las pruebas alergológicas ambientales es objeto de debate en la comunidad dermatológica veterinaria. Coexisten dos enfoques. El enfoque secuencial preconiza realizar la dieta de eliminación en primer lugar, con el fin de cuantificar la parte alimentaria del prurito antes de cualquier estudio ambiental. El enfoque paralelo propone llevar a cabo simultáneamente la dieta de exclusión y las pruebas intradérmicas/séricas, lo que reduce la duración global de la exploración pero complica la interpretación de los resultados. Hensel et al. propusieron criterios clínicos para orientar la indicación de la dieta de exclusión: un prurito no estacional, una edad de inicio inferior a 1 año o superior a 7 años, una otitis recidivante, una resistencia parcial a los glucocorticoides, y la presencia de signos digestivos concomitantes. La presencia de dos o más de estos criterios aumenta la probabilidad pretest de RCAA y justifica la realización prioritaria de la dieta de eliminación (Hensel 2015).

7.3 — Criterios de Hensel para la indicación de la dieta de exclusión

Los criterios publicados por Hensel et al. proporcionan un marco decisional estructurado para la indicación de la dieta de eliminación en la exploración del prurito crónico. Estos criterios tienen en cuenta el carácter no estacional del prurito (sensibilidad: 82 %), la distribución topográfica de las lesiones (afectación perianal, afectación auricular bilateral), la resistencia a los glucocorticoides, la presencia de trastornos gastrointestinales concomitantes y la edad de aparición (< 6 meses o > 6 años). La combinación de estos criterios no sustituye a la dieta de eliminación pero mejora la selección de los casos más susceptibles de beneficiarse de este proceso. Los criterios clínicos propuestos por Favrot et al. y las recomendaciones de Hensel et al. (Hensel 2015) proporcionan un marco para el diagnóstico de la dermatitis atópica canina, pero no constituyen criterios específicamente validados para predecir la probabilidad de una RCAA. Varios elementos clínicos — prurito no estacional, edad de aparición precoz (< 1 año) o tardía (> 7 años), otitis recidivante, signos digestivos concomitantes, respuesta subóptima a los glucocorticoides — orientan clínicamente hacia una componente alimentaria y justifican la instauración de una dieta de eliminación, pero su valor predictivo específico para la RCAA no ha sido formalmente calculado.

7.4 — Crítica de las pruebas diagnósticas

Las pruebas alternativas a la dieta de eliminación (pruebas IgE séricas alimentarias, pruebas salivales, pruebas capilares, pruebas intradérmicas alimentarias) no poseen la fiabilidad necesaria para diagnosticar las RCAA (Mueller 2017). El estudio de Coyner y Schick demostró que las pruebas capilares y salivales no permiten diferenciar los perros atópicos de los sujetos sanos (Coyner 2019). Lam et al. confirmaron la ausencia de correlación clínica de las pruebas séricas IgE e IgG alimentarias en perros sin reacciones alérgicas demostradas (Lam 2019). Vovk et al. evaluaron la exactitud de las pruebas serológicas alimentarias disponibles comercialmente en 2024 y concluyen en una especificidad y sensibilidad insuficientes para justificar su uso diagnóstico (Vovk 2024). Las informaciones proporcionadas por estas pruebas pueden inducir a error al profesional y al propietario, conduciendo a exclusiones alimentarias infundadas o, inversamente, a una falsa sensación de seguridad.

7.5 — “¿Por qué las pruebas sanguíneas alimentarias no son fiables?”

La detección de IgE séricas específicas de un alérgeno alimentario solo indica una sensibilización inmunológica, y no una reactividad clínica. Un perro o un gato puede presentar niveles elevados de IgE dirigidas contra el vacuno o el pollo sin manifestar la menor reacción cutánea o digestiva a la ingestión de estas proteínas. Este fenómeno, calificado de sensibilización clínicamente silenciosa, es frecuente y refleja la tolerancia oral mantenida pese a la presencia de IgE circulantes. Inversamente, las reacciones T-celulares (tipo IV) escapan totalmente a la detección por las pruebas séricas IgE. Las pruebas serológicas alimentarias (IgE e IgG) presentan una alta tasa de falsos positivos, con una superposición importante de los resultados entre perros sanos y perros con RCAA confirmada. Esta tasa varía según la plataforma comercial, el tipo de inmunoglobulina medida y el alérgeno analizado. El conjunto de los datos disponibles (Mueller 2017, Lam et al. 2019, Vovk et al. 2024) converge hacia la conclusión de que estas pruebas no poseen la fiabilidad necesaria para confirmar o excluir un diagnóstico de RCAA. La dieta de eliminación seguida de la prueba de provocación sigue siendo la única herramienta diagnóstica validada por las pruebas científicas.

7.6 — La dieta de exclusión (EDT): único estándar de referencia validado

La dieta de eliminación (Elimination Diet Trial, EDT), seguida de una prueba de provocación, constituye la única herramienta diagnóstica validada para confirmar las RCAA en el perro y el gato (Olivry 2015, Mueller 2018, Jackson 2023, Villaverde 2024). El principio se basa en la administración exclusiva, durante un período mínimo de 8 semanas, de un alimento que no contenga ninguna proteína a la que el animal haya sido expuesto anteriormente, o que contenga proteínas hidrolizadas de peso molecular suficientemente bajo para no desencadenar una reacción inmunitaria. La mejoría clínica (reducción del prurito ≥ 50 %, disminución del CADESI-04) seguida de una recidiva de los signos durante la reintroducción del antiguo alimento confirma el diagnóstico. La ausencia de provocación solo permite una presunción diagnóstica, ya que la mejoría bajo dieta puede resultar de efectos no específicos (modificación de la flora intestinal, reducción de las aminas biógenas, mejor digestión).

PARTE V — LAS DIETAS DE ELIMINACIÓN: PRINCIPIOS Y REALIZACIÓN DETALLADA

Capítulo 8 — Principios Generales de la Dieta de Exclusión Alimentaria

8.1 — Principio fundamental: Alimentación sin ningún antígeno de sensibilización posible

El principio fundamental de la dieta de exclusión alimentaria se basa en la supresión total de cualquier antígeno susceptible de haber inducido una sensibilización inmunitaria en el animal. Esta supresión debe ser absoluta: la menor exposición, incluso en cantidad ínfima, puede ser suficiente para mantener la respuesta inmunitaria y enmascarar la mejoría clínica esperada. La dieta debe contener exclusivamente fuentes proteicas y glucídicas a las que el animal no haya sido nunca expuesto (proteína nueva) o cuyo potencial alergénico haya sido reducido por hidrólisis enzimática por debajo del umbral de reactividad IgE (< 5 kDa según Cave 2006).

8.2 — Recogida exhaustiva del historial alimentario

La recogida exhaustiva del historial alimentario constituye la primera etapa operativa de la dieta de eliminación. Esta anamnesis debe registrar el conjunto de los alimentos comerciales (todas las marcas y gamas de piensos y patés consumidos desde el nacimiento), las golosinas (productos para masticar, huesos, recompensas), los restos de mesa, los complementos alimentarios (omega 3, vitaminas, ácidos grasos), los medicamentos aromatizados (comprimidos apetentes que contienen proteínas animales de pollo o vacuno como excipiente) y los tópicos susceptibles de ser lamidos (dentífricos, bálsamos). El análisis detallado de la composición de cada alimento (lista de ingredientes en el envase) permite establecer la lista de las proteínas a las que el animal ha sido expuesto y orientar la elección de la fuente proteica «nueva».

8.3 — Educación del propietario: primera causa de fracaso = falta de adherencia

La falta de adherencia del propietario representa la primera causa de fracaso documentada de las dietas de eliminación. Las fuentes de desviación del protocolo comprenden la administración de golosinas no autorizadas, el acceso a la comida de otros animales del hogar, la persistencia de medicamentos aromatizados, y la alimentación por terceros (niños, vecinos, cuidadores). La educación del propietario debe realizarse de manera estructurada, con entrega de un documento escrito que detalle las normas de la dieta y la lista exhaustiva de los alimentos prohibidos. Se recomienda un seguimiento telefónico a las 2 semanas y una consulta de control a las 4 semanas para verificar la adherencia y animar a continuar el protocolo.

8.4 — Implicación de todo el hogar

Todas las personas en contacto con el animal — miembros de la familia, niños, cuidadores, paseadores de perros, vecinos susceptibles de distribuir golosinas — deben ser informados de las normas de la dieta de eliminación. Los perros que viven en el exterior o que tienen acceso a un jardín deben ser vigilados para evitar la ingestión de residuos, deyecciones de otros animales o comida dejada accesible. En casos de convivencia con otros animales, los comederos deben separarse y las comidas supervisarse. La comida del gato debe colocarse fuera del alcance del perro, y viceversa.

8.5 — Las tres grandes categorías de dietas disponibles

Tres categorías principales de dietas de eliminación están disponibles en la práctica clínica veterinaria en 2026. Las dietas con proteína(s) nueva(s) (Novel Protein Diets) utilizan una fuente proteica a la que el animal nunca ha sido expuesto (conejo, ciervo, canguro, pato, trucha, cabra). Las dietas con proteínas hidrolizadas contienen proteínas cuyo peso molecular ha sido reducido por hidrólisis enzimática, teóricamente por debajo del umbral de reactividad IgE. Las dietas elementales a base de aminoácidos libres constituyen la forma más hipoalergénica, desprovista de cualquier péptido susceptible de provocar una reacción inmunitaria. La elección entre estas opciones depende del historial alimentario del animal, de la adherencia previsible del propietario, del precio de la dieta y de la palatabilidad para la especie en cuestión.

Capítulo 9 — Duración de la Dieta, Seguimiento y Criterios de Respuesta

9.1 — Recomendaciones basadas en la evidencia

El metaanálisis de Olivry, Mueller y Prélaud (2015) constituye la referencia para la determinación de la duración óptima de la dieta de eliminación. Este análisis compiló los datos de múltiples estudios en los que se había documentado la cinética de respuesta clínica a la dieta. Los resultados muestran que una duración de 5 semanas permite alcanzar la remisión en el 80 % de los perros respondedores y el 85 % de los gatos respondedores. Una duración de 8 semanas eleva esta tasa al 90 % en ambas especies. Por tanto, la duración mínima recomendada es de 8 semanas, con una extensión a 10-12 semanas en los casos complejos (DAA concomitante, sobreinfecciones recidivantes, respuesta parcial a las 8 semanas).

El análisis de la cinética de respuesta muestra que el 50 % de los perros respondedores presentan una mejoría significativa desde la tercera semana de dieta, y el 80 % a las 5-6 semanas (Olivry 2015). En el gato, la cinética es comparable con el 85 % de remisión a las 6 semanas. El estudio de Lewis et al. (2025) confirma que más de la mitad de los sujetos diagnosticados con una RCAA necesitan más de 4 semanas para mostrar una reducción significativa del score PVAS, con un score PVAS de base de 7,4 reducido en 1,8 ± 2,2 puntos tras 8 semanas.

La duración de 8 semanas eleva la tasa de remisión al 90 % en ambas especies, un umbral por encima del cual la ganancia diagnóstica marginal se vuelve escasa (Olivry 2015). Este umbral del 90 % constituye el fundamento científico de la recomendación internacional de 8 semanas como duración mínima estándar de la dieta de eliminación.

9.2 — Duración recomendada: 8 semanas mínimo y 10 a 12 semanas en los casos complejos

El 10 % de respondedores restante necesita una extensión a 10-12 semanas, justificada en los casos que presentan una DAA concomitante aún no estabilizada, sobreinfecciones persistentes o un historial alergénico complejo. Fischer et al. evaluaron un protocolo abreviado de dieta de eliminación y demostraron que la sensibilidad diagnóstica disminuía de manera significativa por debajo de las 6 semanas, confirmando que cualquier acortamiento del protocolo expone a un riesgo de falsos negativos (Fischer 2021).

9.3 — Seguimiento clínico

El seguimiento clínico durante la dieta de eliminación se basa en consultas a intervalos regulares: semana 2 (verificación de la adherencia y tratamiento de las sobreinfecciones), semana 4 (primera evaluación intermedia), semana 8 (evaluación de la respuesta final). Los parámetros a evaluar comprenden el score de prurito (PVAS), el score de lesiones cutáneas (CADESI-04 en el perro, SCORFAD en el gato), el estado del pelaje y de la piel, la frecuencia y consistencia de las heces, y el bienestar general del animal.

9.4 — Herramientas de evaluación objetivas: PVAS, CADESI, SCORFAD

El SCORFAD (Scoring Feline Allergic Dermatitis) es un score validado específico del gato, que evalúa las lesiones excoriativas, la dermatitis miliar, la alopecia autoinducida y las lesiones del complejo eosinofílico. El CADESI-04 (0-180) y el PVAS (0-10) completan la batería de herramientas estandarizadas en el perro. El uso combinado de estos scores permite un seguimiento objetivo, reproducible y comparativo entre las consultas.

9.5 — Manejo de las sobreinfecciones secundarias durante la dieta: No confundirlas con un fracaso

El manejo de las sobreinfecciones secundarias (piodermatitis por Staphylococcus pseudintermedius, dermatitis por Malassezia pachydermatis, otitis) durante la dieta es imperativo: su persistencia puede simular un fracaso de la dieta y no debe confundirse con una ausencia de respuesta a la exclusión alimentaria. Un tratamiento antimicrobiano dirigido para las piodermatitis y/o un antifúngico para las dermatitis por Malassezia debe instaurarse en paralelo a la dieta en función de los análisis.

Capítulo 10 — La Prueba de Provocación: ¿Por Qué Es Indispensable?

10.1 — Definición y justificación

La prueba de provocación (oral food challenge, OFC) consiste en reintroducir el antiguo alimento o un ingrediente específico tras el período de eliminación, con el fin de confirmar el diagnóstico de RCAA mediante la recidiva de los signos clínicos. La remisión bajo dieta de eliminación sin provocación solo constituye una presunción diagnóstica: la mejoría clínica puede resultar de efectos no específicos del cambio alimentario (modificación del microbioma intestinal, mejor digestibilidad, reducción de las aminas biógenas). La provocación es el único medio de distinguir una RCAA verdadera de una mejoría fortuita y de confirmar el diagnóstico.

10.2 — Plazo de reaparición de los signos: 7-14 días según los estudios

El plazo de reaparición de los signos clínicos tras la provocación (Time to Flare, TTF) constituye un parámetro clave para la interpretación de las pruebas de provocación. En el perro, el 85 % de las provocaciones positivas se manifiestan en los primeros 7 días, y el 95 % en los primeros 14 días. En el gato, el plazo es comparable, con el 80 % de recidivas en los 7 días y el 90 % en los 14 días. Shimakura y Kawano registraron un TTF mediano de 3 días (intervalo: 1-14 días) en perros japoneses sometidos a provocaciones alimentarias individuales (Shimakura 2021).

10.3 — Datos 2020: Metaanálisis sobre el plazo de flare post-provocación (234 perros, 83 gatos)

El metaanálisis de Olivry y Mueller (2020), realizado sobre pruebas de provocación en 234 perros y 83 gatos, confirma estos plazos y proporciona la base de datos más sólida hasta la fecha. Las reacciones cutáneas (eritema, prurito) aparecen de media más rápidamente (mediana: 2-3 días) que los signos digestivos (mediana: 5-7 días). Este dato justifica una duración de provocación mínima de 14 días antes de concluir un resultado negativo.

10.4 — Reticencias de los propietarios y de los profesionales: Estrategias de comunicación

La reticencia de los propietarios a realizar la prueba de provocación constituye un obstáculo frecuente en la práctica clínica. Tras 8 semanas de una dieta restrictiva y costosa, la perspectiva de una recidiva voluntaria del prurito en su compañero suele ser mal aceptada. La estrategia de comunicación debe subrayar que la provocación es indispensable para confirmar el diagnóstico, adaptar el manejo a largo plazo e identificar los alérgenos específicos a evitar. La opinión del dermatólogo veterinario ayuda a levantar estas reticencias explicando que la provocación es de corta duración y que los signos son reversibles.

10.5 — Provocaciones individuales por ingrediente: metodología secuencial

El protocolo de provocación individual consiste en reintroducir un ingrediente único (por ejemplo: pollo cocido solo) durante 7 a 14 días, manteniendo la dieta de eliminación como base. En caso de recidiva de los signos, el ingrediente se retira y la dieta de eliminación se retoma hasta la remisión antes de probar el siguiente ingrediente. Este enfoque secuencial permite identificar los alérgenos individuales y construir una dieta de mantenimiento personalizada.

10.6 — Interés de la provocación para distinguir RCAA de DAA concomitante

La prueba de provocación con retorno completo al antiguo alimento permite distinguir la RCAA de una DAA concomitante. Si el prurito no recidiva pese a la reintroducción completa, la componente alimentaria queda excluida y el diagnóstico debe reevaluarse a favor de una DAA estrictamente ambiental. Si el prurito solo recidiva parcialmente, la coexistencia de una RCAA y una DAA es probable — un escenario estimado en el 13 al 33 % de los perros atópicos (Jackson 2023).

10.7 — Protocolo práctico de provocación: duración por ingrediente, manejo de las positividades

Cada ingrediente debe reintroducirse durante 7 a 14 días. La positividad se define por la reaparición del prurito (aumento del PVAS ≥ 2 puntos) o la recidiva de lesiones cutáneas (aumento del CADESI-04 ≥ 15 puntos). En caso de provocación positiva, el ingrediente se retira inmediatamente y la dieta de eliminación se retoma durante 2 a 4 semanas antes de probar el siguiente ingrediente. El orden de las provocaciones privilegia las proteínas más frecuentemente incriminadas (vacuno, pollo, productos lácteos) en primer lugar.

10.8 — Recuadro: “¿Por qué la prueba de provocación es obligatoria para confirmar el diagnóstico?”

La prueba de provocación sigue siendo obligatoria porque la remisión bajo dieta de eliminación sola solo constituye una presunción diagnóstica. La mejoría clínica puede resultar de factores no específicos: modificación del microbioma intestinal, reducción del aporte de aminas biógenas, mejora de la digestión, o incluso fluctuaciones estacionales de la DAA. Solo la recidiva reproducible de los signos durante la reintroducción del antiguo alimento confirma el vínculo de causalidad entre la ingestión del alérgeno y las manifestaciones clínicas.

PARTE VI — DIETA CASERA VERSUS DIETA INDUSTRIAL

Capítulo 11 — Dieta Casera: Interés, Protocolo y Riesgos

11.1 — Ventaja N°1: certeza absoluta de composición, ausencia de contaminación cruzada

La principal ventaja de la dieta casera reside en la certeza absoluta de su composición: el propietario controla cada ingrediente, eliminando cualquier riesgo de contaminación cruzada. A diferencia de los alimentos industriales, ninguna línea de fabricación compartida puede introducir alérgenos no declarados. Esta certeza es especialmente valiosa en los animales plurialérgicos o que han fracasado con una dieta industrial hidrolizada.

El protocolo se basa en el principio del par proteína/glucido único: una sola fuente proteica asociada a una sola fuente glucídica, sin ningún otro ingrediente añadido (ni sal, ni aceite aromatizado, ni especias, ni salsa). Este principio de máxima simplicidad maximiza la fiabilidad diagnóstica al limitar las variables alimentarias a dos componentes identificables.

La selección de la fuente proteica debe guiarse por el historial alimentario exhaustivo del animal. Las fuentes recomendadas en 2026 comprenden el conejo, el ciervo, el canguro, el pato, la trucha, la tilapia y la cabra. La elección de una proteína nunca ingerida por el animal es el requisito previo absoluto del proceso.

Las fuentes glucídicas autorizadas comprenden el arroz blanco, la patata, la quinoa y el boniato. El arroz blanco constituye la fuente glucídica más segura desde el punto de vista nutricional y la mejor tolerada por el sistema digestivo canino y felino. La quinoa, aunque potencialmente utilizable, contiene antinutrientes y su digestibilidad es inferior; es menos recomendada como primera elección. La patata sigue siendo una opción válida para una dieta de eliminación de duración limitada (8-12 semanas). La cocción es obligatoria: la desnaturalización térmica modifica la estructura tridimensional de las proteínas y puede reducir su reactividad IgE, aunque ciertos epítopos secuenciales resistentes al calor mantienen su alergenicidad. La proporción proteínas/glúcidos recomendada es de 1:2 a 1:3 en peso fresco.

11.2 — Cocción obligatoria: Efecto de la desnaturalización térmica sobre los epítopos IgE-reactivos

La cocción a una temperatura superior a 70 °C durante al menos 20 minutos provoca la desnaturalización de las proteínas alimentarias, alterando los epítopos conformacionales reconocidos por las IgE. Sin embargo, los epítopos lineales (secuenciales) resisten esta desnaturalización y mantienen un potencial alergénico residual. El vacuno y el pollo conservan así una alergenicidad significativa tras la cocción, como lo atestiguan las tasas de provocación positivas registradas en la literatura.

La ebullición prolongada (> 30 minutos a 100 °C) reduce más la alergenicidad que la cocción rápida a alta temperatura (tipo parrilla o sartén), al fragmentar los epítopos conformacionales sin generar neoantígenos.

Por el contrario, la cocción seca a alta temperatura (> 120 °C — horno, parrilla, fritura, extrusión) provoca la reacción de Maillard, una glicación no enzimática de las proteínas que crea nuevas estructuras antigénicas (productos de glicación avanzada, AGEs) susceptibles de aumentar la inmunogenicidad de los alimentos cocidos (Koppelman 2021). Van Broekhoven et al. confirmaron que los procesos térmicos intensivos modifican el perfil de reactividad cruzada alergénica de las proteínas de artrópodos, con implicaciones directas para las dietas a base de insectos (Van Broekhoven 2016). Por tanto, la cocción en agua hirviendo constituye el modo de preparación recomendado para las dietas caseras de eliminación, preferible a cualquier cocción seca para minimizar la alergenicidad residual de las proteínas utilizadas.

11.3 — Prohibiciones absolutas: Sal, aceites aromatizados, especias, salsas, aditivos

Las prohibiciones de la dieta casera de eliminación son absolutas: ninguna sal, ningún aceite aromatizado, ninguna especia, salsa, condimento o aditivo debe añadirse a la preparación. Cualquier desviación, incluso mínima, puede introducir proteínas ocultas (caldo de vacuno, aromas de pollo) susceptibles de falsear el resultado diagnóstico. Los aceites vegetales neutros (colza, girasol) están autorizados en cantidad limitada como fuente de ácidos grasos esenciales.

11.4 — Riesgos nutricionales

Los riesgos nutricionales de la dieta casera constituyen su principal limitación. Una dieta compuesta exclusivamente de una carne y un fécul es sistemáticamente desequilibrada en calcio (proporción Ca/P invertida a 1:10-1:20 en lugar de 1:1-2:1), en ácidos grasos esenciales (omega 3 y omega 6), en vitaminas liposolubles (A, D, E) y en oligoelementos (zinc, cobre, yodo). Stockman et al. evaluaron las recetas de dietas caseras disponibles: el 95 % no satisfacía las normas nutricionales mínimas de la AAFCO o de la FEDIAF (Stockman 2013).

11.5 — Necesidad de supervisión por un nutricionista veterinario más allá de 4-6 semanas

Más allá de las 4 a 6 semanas, se recomienda la supervisión por un nutricionista veterinario para formular una dieta equilibrada de mantenimiento si la dieta casera debe prolongarse a largo plazo. Esta consulta especializada permite calcular los aportes en macro y micronutrientes, ajustar las cantidades y prevenir las carencias a largo plazo que podrían comprometer la salud y la vitalidad del animal.

11.6 — Suplementación sistemática

La suplementación sistemática con carbonato de calcio (100-200 mg/kg de alimento fresco), aceite de pescado rico en omega 3 (EPA/DHA, 50-100 mg/kg/día), complejo vitamínico y zinc es indispensable desde el inicio de la dieta. Los beneficios de esta suplementación van más allá de la simple corrección de las carencias: los ácidos grasos omega 3 ejercen un efecto antiinflamatorio documentado sobre la barrera cutánea (reducción de la producción de PGE2 y LTB4) que puede contribuir a la mejoría clínica observada durante la dieta.

11.7 — Inadecuación para un uso permanente sin formulación equilibrada

Una dieta casera no formulada por un nutricionista veterinario es inadecuada para un uso permanente. Las carencias acumulativas en calcio, zinc y vitaminas liposolubles conducen a problemas óseos (osteodistrofia en los cachorros, fracturas patológicas en el adulto), cutáneos (alopecia, hiperqueratosis) e inmunológicos tras varios meses. Por tanto, el paso a un alimento industrial terapéutico equilibrado o la formulación de una dieta casera completa por un especialista constituye un imperativo más allá de la fase diagnóstica.

Capítulo 12 — Dieta Industrial: Ventajas, Inconvenientes y Contaminaciones Cruzadas

12.1 — Ventajas de las dietas veterinarias industriales: Comodidad, palatabilidad testada, equilibrio nutricional

Las dietas industriales terapéuticas veterinarias ofrecen ventajas prácticas importantes: comodidad de implementación, palatabilidad testada, equilibrio nutricional completo conforme a las normas AAFCO/FEDIAF, y control de calidad en fábrica. Su formulación garantiza un aporte adecuado de nutrientes, grasas, vitaminas y oligoelementos, eliminando el riesgo de carencia nutricional inherente a la dieta casera no formulada.

12.2 – Atención a las dietas hipoalergénicas OTC

La contaminación cruzada: problema mayor de los alimentos OTC

La contaminación cruzada de los alimentos comerciales OTC (over-the-counter, alimentos no veterinarios) constituye sin embargo un problema mayor, documentado por múltiples estudios independientes que utilizan técnicas de detección molecular (PCR, ELISA, microarray). Este fenómeno resulta del uso compartido de las líneas de producción, de la contaminación de las materias primas y de la ausencia de procedimientos de limpieza validados entre las series de fabricación.

Revisión sistemática: 40 % de los lotes OTC contaminados

Olivry et al. demostraron que el 40 % de los lotes de alimentos OTC contenían alérgenos no declarados en el envase (Olivry 2018). Ricci et al. (2018) analizaron 11 alimentos húmedos dietéticos de antígeno limitado mediante PCR microarray: el 54,5 % (6/11) estaban contaminados por proteínas animales no declaradas. Horvath-Ungerboeck et al. habían registrado resultados similares sobre alimentos secos, con el vacuno y el cerdo como contaminantes más frecuentes (Horvath-Ungerboeck 2017).

Datos PCR/ELISA: 100 % de los alimentos felinos analizados contenían ADN no declarado

Kępińska-Pacelik et al. (2023) confirmaron mediante PCR cuantitativa que el 65 % de los piensos caninos OTC contenían ADN de pollo no declarado, y el 41 % de cerdo no declarado. Preckel et al. (2023) detectaron mediante análisis metagenómico 16S rDNA hasta 19 especies animales no declaradas en una sola muestra. Para los alimentos felinos, Preckel et al. y Kępińska-Pacelik et al. (2023) mostraron que el 100 % de las muestras analizadas contenían ADN de especies no declaradas (Preckel 2023). Estos datos plantean problemas de trazabilidad mayores para la industria del petfood y cuestionan la fiabilidad de los piensos y patés de «antígeno limitado» vendidos en grandes superficies.

Datos 2022-2024: 27 % de los piensos caninos que contienen ADN de pollo no declarado

La amplitud de la contaminación documentada entre 2022 y 2024 confirma que este fenómeno no es anecdótico. Los datos convergentes de Kępińska-Pacelik (2023) y Preckel (2023) demuestran que los alimentos OTC de «antígeno limitado» no pueden considerarse fiables para un EDT. La sensibilidad de los métodos PCR actuales (detección de ADN a concentraciones del orden del picogramo) revela contaminaciones invisibles para los análisis clásicos, lo que hace insuficiente la verificación visual o química.

Mecanismos de contaminación: Líneas compartidas, materias primas contaminadas

Los mecanismos de contaminación son múltiples: líneas de producción compartidas entre diferentes fórmulas (la fabricación de piensos de pollo en la misma línea que una dieta «sin pollo» deja residuos proteicos), contaminación de las materias primas en origen (harinas animales, grasas, aromas), y contaminación cruzada durante el almacenamiento y el envasado. La ausencia de una reglamentación que imponga un control PCR sistemático de los lotes OTC agrava esta situación.

Conclusión reglamentaria: los alimentos OTC no deben utilizarse para un EDT

Los alimentos OTC, incluidos los etiquetados como «hipoalergénicos» o de «antígeno limitado», no deben utilizarse para una dieta de eliminación diagnóstica. Solo los alimentos veterinarios terapéuticos fabricados en líneas dedicadas y sometidos a un control de calidad mediante PCR/ELISA ofrecen una fiabilidad suficiente para garantizar la ausencia de contaminación cruzada (Olivry 2017).

12.3 — Alimentos veterinarios dedicados: control de calidad mediante PCR en cada lote

Los alimentos veterinarios terapéuticos dedicados a los EDT se distinguen por protocolos de fabricación específicos: líneas de producción dedicadas o limpiadas según procedimientos validados, control de calidad mediante PCR y/o ELISA en cada lote antes de la entrega, trazabilidad completa de las materias primas. Las principales marcas integran estos controles en su proceso de fabricación, obteniendo conformidad en las auditorías de calidad internas.

12.4 — Tabla comparativa: Dieta Casera vs Industrial Terapéutica vs OTC

La elección entre dieta casera y dieta industrial terapéutica depende de la situación clínica, de la adherencia del propietario y de las restricciones logísticas. La dieta casera ofrece una certeza de composición absoluta pero exige una adherencia estricta y una suplementación nutricional. La dieta industrial terapéutica ofrece un equilibrio nutricional completo y facilidad de uso pero conlleva un riesgo residual de contaminación cruzada. Los alimentos OTC, con una tasa de contaminación del 27 al 54 %, están contraindicados para cualquier EDT diagnóstico.

PARTE VII — LOS DIFERENTES TIPOS DE DIETAS INDUSTRIALES HIPOALERGÉNICAS

Capítulo 13 — Dietas con Proteína(s) Nueva(s) (Novel Protein Diets)

13.1 — Principio fundamental: Novedad inmunológica individual

El principio de las dietas con proteína nueva se basa en la novedad inmunológica: el animal no puede desarrollar una reacción alérgica frente a una proteína a la que su sistema inmunitario nunca ha sido expuesto. Esta noción es individual y contextual: una proteína considerada «nueva» para un animal dado puede ser un alérgeno habitual para otro.

El cordero, durante mucho tiempo considerado una proteína hipoalergénica, ya no cumple este criterio en 2026 debido a su presencia frecuente en los piensos y patés de gran consumo. Del mismo modo, el salmón y el pato, otrora considerados proteínas raras, se han convertido en ingredientes habituales en las gamas de gran consumo, reduciendo su utilidad como proteína «nueva».

Las fuentes proteicas recomendadas en 2026 comprenden el ciervo, el canguro, el conejo, la codorniz, el capelán, el carbonero, la trucha y la cabra. Estas proteínas siguen siendo relativamente raras en las fórmulas comerciales de gran consumo y ofrecen una alta probabilidad de novedad inmunológica para la mayoría de los animales.

13.2 — Reactividades cruzadas a anticipar al seleccionar

Las reactividades cruzadas entre especies taxonómicamente próximas deben anticiparse al seleccionar: un perro sensibilizado al vacuno presenta un riesgo de reactividad cruzada con el cordero y el ciervo (Ruminantia), y un perro sensibilizado al pollo probablemente reaccionará al pato y al pavo (Galliformes/Anseriformes), con una tasa de reactividad cruzada IgE del 97 % entre pollo y pato (Olivry 2017). Esta reactividad cruzada está documentada para proteínas específicas y refleja homologías moleculares entre especies taxonómicamente próximas, sin necesariamente extenderse al conjunto de las proteínas de estas especies.

13.3 — Limitaciones: Dificultad creciente para encontrar una fuente virgen

La creciente dificultad de encontrar una fuente proteica «virgen» — debido a la diversificación de las fórmulas alimentarias comerciales y a la presencia de subproductos animales no declarados — constituye una limitación mayor de este enfoque. Un artículo reciente de Villaverde (2024) subraya que el análisis detallado del historial alimentario del animal se ha vuelto más complejo a medida que las marcas multiplican las recetas a base de proteínas exóticas. Las proteínas de insectos (Hermetia illucens, Tenebrio molitor), frecuentemente presentadas como proteínas nuevas hipoalergénicas, no pueden considerarse como tales en los animales atópicos sensibilizados a los ácaros, debido a la reactividad cruzada IgE documentada a través de la tropomiosina (Majewski 2021). Sin embargo, la demostración clínica de que la ingestión de insectos provoca una exacerbación cutánea alimentaria en perros o gatos sensibilizados a los ácaros está aún por establecer mediante estudios de provocación controlados. En el estado actual, el uso de insectos como fuente proteica en un EDT requiere por tanto cierta cautela y una evaluación previa del estatus alérgico del animal frente a los ácaros.

Capítulo 14 — Tecnología e Interés de las Dietas con Proteínas Hidrolizadas

14.1 — Principio bioquímico de la hidrólisis enzimática

La hidrólisis enzimática de las proteínas alimentarias consiste en un clivaje controlado de los enlaces peptídicos por proteasas (tripsina, quimiotripsina, papaína), reduciendo el peso molecular de los péptidos resultantes. El grado de hidrólisis, definido como el porcentaje de enlaces peptídicos clivados, determina la distribución de peso molecular de los péptidos producidos y, por consiguiente, el potencial alergénico residual de la formulación.

El umbral crítico de peso molecular por debajo del cual un péptido no puede reticular simultáneamente dos moléculas de IgE de membrana adyacentes se sitúa en torno a los 5 kDa (Cave 2006). Por debajo de este umbral, el péptido no puede puentear las IgE fijadas en los receptores FcεRI de los mastocitos, impidiendo la degranulación y la liberación de mediadores inflamatorios.

La reticulación de las IgE requiere que un alérgeno posea al menos dos epítopos distantes de 5 a 10 nm, capaces de unirse simultáneamente a dos moléculas de IgE adyacentes en la membrana mastocitaria. Un péptido de menos de 5 kDa (aproximadamente 40-45 aminoácidos) solo puede contener un único epítopo funcional, haciendo físicamente imposible esta reticulación. Esta propiedad fisicoquímica constituye el fundamento racional de las dietas hidrolizadas.

La hidrólisis estándar produce péptidos de menos de 13 kDa, mientras que la hidrólisis extensiva alcanza pesos moleculares inferiores a 1-3 kDa. El estudio de Olivry et al. (2017) mostró que las plumas de ave extensivamente hidrolizadas (95 % de péptidos ≤ 1 kDa) no inducían ningún reconocimiento IgE en los 40 perros y 40 gatos analizados, mientras que las plumas débilmente hidrolizadas generaban una respuesta IgE positiva en el 37 % de los perros. La diferencia clínica está por tanto directamente correlacionada con el grado de hidrólisis.

Bizikova y Olivry confirmaron clínicamente que la dieta a base de plumas hidrolizadas extensivamente no provocaba ningún brote pruriginoso en perros alérgicos al pollo (0/10 perros), mientras que la dieta a base de hígado de pollo hidrolizado inducía una recidiva en el 40 % de los sujetos (4/10, p = 0,04) (Bizikova 2016). Lewis et al. compararon recientemente en un ensayo multicéntrico aleatorizado cruzado en triple ciego una dieta de salmón hidrolizado (78,2 % de péptidos ≤ 2 kDa) con una dieta de plumas hidrolizadas, sin diferencia significativa de eficacia entre las dos formulaciones (p = 0,516 para el PVAS, p = 0,325 para el CADESI-04) (Lewis TP 2025).

14.2 — Persistencia de alergenicidad residual: El riesgo de las hidrólisis incompletas

La persistencia de una alergenicidad residual constituye la principal limitación de las dietas hidrolizadas. Las hidrólisis incompletas (peso molecular residual > 5-10 kDa) mantienen péptidos capaces de reticular las IgE de membrana y de desencadenar una degranulación mastocitaria. Este fenómeno explica los fracasos registrados con algunas dietas hidrolizadas del mercado cuyo grado de hidrólisis es insuficiente.

Masuda et al. (2020) demostraron que el 28,8 % de los sueros caninos presentaban una estimulación linfocitaria T detectable en respuesta a los extractos de dietas hidrolizadas, confirmando que la hidrólisis, incluso extensiva, no suprime totalmente el potencial inmunógeno T-celular. Los péptidos de 1-3 kDa contienen aún secuencias de epítopos T suficientes para activar los linfocitos T CD25low, una vía independiente de la reticulación de las IgE.

14.3 — Los inconvenientes de los hidrolizados alimentarios

La palatabilidad representa un desafío adicional: la hidrólisis genera péptidos de pequeño tamaño con sabor amargo (debido a la exposición de residuos hidrófobos — leucina, valina, fenilalanina), lo que puede reducir la aceptación de la dieta por el animal. La palatabilidad varía según la fuente proteica (la soja y las plumas de ave generan perfiles gustativos diferentes) y el grado de hidrólisis (cuanto más intensa es la hidrólisis, más pronunciada es la amargura).

La diarrea hipoosmótica, ligada al flujo de agua hacia la luz intestinal provocado por la alta carga osmótica de los pequeños péptidos y los aminoácidos libres, constituye un efecto indeseable transitorio (1 a 2 semanas) gestionado por la adición de fibras solubles (pulpa de remolacha, psyllium) en la formulación. Este fenómeno no debe confundirse con un signo de intolerancia alimentaria a la propia dieta.

14.4 — Ventaja principal: Aplicación independiente del historial alimentario

La ventaja principal de las dietas hidrolizadas reside en su aplicabilidad independiente del historial alimentario: cualquiera que sea la diversidad de las proteínas previamente ingeridas, la hidrólisis extensiva reduce teóricamente el riesgo de reactividad. Esta propiedad las convierte en la opción de elección en los animales con historial alimentario complejo o desconocido, y constituye una ayuda valiosa para el profesional que se enfrenta a un animal que ha consumido múltiples gamas de piensos.

14.5 — Estudio multicéntrico prospectivo aleatorizado cruzado

El estudio de Lewis et al. (2025), realizado sobre 57 perros con prurito distribuidos en 7 centros, constituye el primer estudio multicéntrico prospectivo aleatorizado cruzado en triple ciego que compara dos formulaciones hidrolizadas (salmón vs plumas de ave). Los resultados muestran una eficacia diagnóstica equivalente de las dos formulaciones, con una tasa de diagnóstico de RCAA del 44,7 % (21/47 perros que completaron el estudio). Este estudio refuerza la validez de las dietas hidrolizadas como herramienta diagnóstica de primera línea en los EDT industriales.

Capítulo 15 — Dietas Elementales a Base de Aminoácidos Libres

15.1 — Definición y concepto: Ausencia total de proteínas o péptidos intactos

Las dietas elementales a base de aminoácidos libres representan la forma más elaborada de hipoalergenicidad alimentaria. Estas fórmulas no contienen ninguna proteína intacta ni péptido residual: la fuente nitrogenada está constituida exclusivamente por aminoácidos sintéticos, desprovistos de cualquier epítopo susceptible de ser reconocido por las IgE o los linfocitos T.

Los aminoácidos libres, con un peso molecular comprendido entre 75 y 204 Da, son demasiado pequeños para constituir un epítopo conformacional (mínimo 1-2 kDa) o secuencial (mínimo 8-15 aminoácidos). Por tanto, el potencial alergénico mediado por IgE y T-celular es teóricamente nulo, lo que confiere a estas dietas el estatus de norma de hipoalergenicidad máxima.

Los estudios realizados en las enteropatías crónicas caninas y los datos de Freiche et al. (2025) han mostrado la eficacia de estas dietas en perros refractarios a las dietas hidrolizadas convencionales, con una tasa de respuesta clínica del 76 % sobre el score CCECAI. Estos resultados apoyan el uso de las dietas elementales como última línea terapéutica en los casos complejos.

15.2 — Indicaciones: Fracasos de las dietas hidrolizadas convencionales

Las indicaciones principales siguen siendo los fracasos repetidos de las dietas hidrolizadas y con proteína nueva, los plurialérgicos severos y los casos en los que el historial alimentario es totalmente desconocido. Estas situaciones, que representan aproximadamente el 10 al 15 % de los EDT en la práctica especializada, justifican el recurso a una dieta elemental a pesar de sus restricciones.

15.3 — Limitaciones: Coste elevado y palatabilidad

Las limitaciones comprenden un coste elevado (2 a 3 veces el precio de una dieta hidrolizada estándar), una palatabilidad a veces insuficiente (que requiere una transición progresiva y estrategias de estimulación de la ingesta alimentaria), y un uso reservado a los casos refractarios debido a estas restricciones. La palatabilidad reducida se explica por el perfil gustativo de los aminoácidos libres, diferente al de los péptidos o las proteínas intactas.

PARTE VIII — LUGAR DE LAS DIETAS NESTLÉ PURINA EN LA ELIMINACIÓN INDUSTRIAL

Capítulo 16 — Las Dietas Hipoalergénicas Purina Pro Plan HA en los EDT Industriales

16.1 — Posicionamiento de Purina Pro Plan HA en la oferta de EDT industriales

El Purina Pro Plan Veterinary Diets HA (Hypoallergenic) se posiciona en la oferta de EDT industriales como una dieta con proteínas hidrolizadas de fuente única. La gama Purina HA se distribuye exclusivamente a través de los circuitos veterinarios, asegurando un seguimiento médico del protocolo diagnóstico.

La formulación canina se basa en un hidrolizado de soja como única fuente proteica, asociado a un almidón de maíz purificado como fuente de glúcidos. La soja constituye una elección distintiva en la medida en que esta leguminosa raramente está incriminada como alérgeno mayor en el perro y el gato, aunque las sensibilizaciones a la soja están documentadas en aproximadamente el 6 % de los casos confirmados en el perro.

El grado de hidrólisis anunciado alcanza un peso molecular inferior a 11 kDa para la mayoría de los péptidos. Este umbral se sitúa por encima del umbral de 5 kDa (Cave 2006) pero por debajo de 13 kDa, situando el Purina HA en la categoría de las hidrólisis estándar a moderadas, distinta de las hidrólisis extensivas (< 1-3 kDa) propuestas por el Royal Canin Anallergenic.

16.2 — Purina Pro Plan HA Felina (HA St/Ox): especificidades de formulación

La formulación felina (HA St/Ox) integra características adicionales de gestión de la salud urinaria (control de la saturación en estruvita y oxalato), adaptadas a las necesidades específicas del gato. El aporte de taurina y ácido araquidónico se ajusta para responder a las exigencias del carnívoro estricto, y la calidad de la fuente proteica hidrolizada se adapta a la palatabilidad felina.

16.3 — Ventajas de las dietas Purina HA en la práctica clínica

Las ventajas de las dietas Purina HA en la práctica clínica comprenden la presencia de una fuente proteica única (soja hidrolizada), un glucido purificado (almidón de maíz), y una alta digestibilidad favorable para el confort del sistema digestivo del animal. La alta digestibilidad (> 90 %) contribuye a una reducción de las fermentaciones cólicas y mejora la consistencia de las heces, un parámetro apreciado por los propietarios en el día a día.

El control de calidad se basa en protocolos de fabricación que incluyen la limpieza de las líneas de producción entre las series de fabricación y la trazabilidad de las materias primas. Los protocolos Purina prevén análisis regulares sobre los lotes terminados, limitando el riesgo de contaminación cruzada por proteínas no declaradas.

PARTE IX — ESPECIFICIDADES FELINAS Y DIFERENCIAS ENTRE PERRO Y GATO

Capítulo 17 — Diferencias en la Realización de una Dieta de Eliminación en el Perro y el Gato

17.1 — El gato es un carnívoro estricto obligado

El gato es un carnívoro estricto cuyas necesidades nutricionales difieren de las del perro. Las necesidades en proteínas son 1,5 a 2 veces superiores (mínimo 26 g/100 g de materia seca frente a 18 g en el perro), y ciertos nutrientes esenciales no pueden ser sintetizados por el metabolismo felino: la taurina (indispensable para la función cardíaca y retiniana), el ácido araquidónico (ácidos grasos omega-6 derivados de fuentes animales), la niacina y la vitamina A preformada.

Una dieta vegetariana está fuertemente desaconsejada en el gato debido a estas carencias previsibles. La ausencia de taurina conduce en 4 a 12 semanas a una miocardiopatía dilatada y una degeneración retiniana irreversible. La ausencia de ácido araquidónico preformado compromete la síntesis de prostaglandinas y la función plaquetaria. Estas restricciones metabólicas imponen que cualquier dieta de eliminación felina contenga una fuente proteica animal.

La neofobia alimentaria es un comportamiento frecuente en el gato, documentado en la literatura de nutrición felina, que constituye un obstáculo significativo para la instauración de las dietas de eliminación. Su prevalencia exacta en el contexto de los EDT no ha sido específicamente cuantificada. Se recomienda una transición progresiva de 7 a 10 días y la adaptación de la textura para favorecer la aceptación de la nueva dieta, mezclando proporciones crecientes de la nueva dieta con el antiguo alimento (día 1-2: 25/75; día 3-4: 50/50; día 5-7: 75/25; día 8-10: 100 %). La aceptación mejora gracias al calentamiento ligero del alimento y a la elección de una textura adaptada a las preferencias individuales.

17.2 — Riesgo mayor específico del gato

El riesgo mayor específico del gato es la lipidosis hepática, una esteatosis hepática aguda potencialmente fatal que aparece tras un ayuno o un rechazo alimentario prolongado más de 48 a 72 horas, en particular en los gatos obesos. La vigilancia de la ingesta alimentaria constituye un parámetro crítico en el gato: cualquier rechazo alimentario superior a 48 horas impone el abandono de la dieta y el retorno al antiguo alimento en espera de una estrategia alternativa.

17.3 — Estrategias alternativas en caso de rechazo: cambio de presentación (piensos vs paté)

En caso de rechazo alimentario, pueden contemplarse varias estrategias: cambio de presentación (paso de los piensos al paté o a la inversa), calentamiento ligero del alimento para liberar los aromas. La diversidad de presentaciones disponibles en las gamas terapéuticas facilita la adaptación a las preferencias individuales del gato.

17.4 — Cinética de respuesta similar perro/gato pero particularidades felinas

La cinética de respuesta a la dieta de eliminación es comparable entre el perro y el gato (6 a 12 semanas), con una duración mínima recomendada de 8 semanas en ambas especies. Las particularidades felinas incluyen una proporción más elevada de signos digestivos (40-50 % vs 20-30 % en el perro), un riesgo de lipidosis hepática ausente en el perro, una neofobia alimentaria más frecuente y la necesidad absoluta de cubrir las necesidades de taurina y ácido araquidónico.

PARTE X — CAUSAS DE FRACASO, MANEJO A LARGO PLAZO Y PERSPECTIVAS

Capítulo 18 — Causas de Fracaso de los EDT y Factores de Complicación

18.1 — Causa N°1: falta de adherencia del propietario (medicamentos aromatizados, golosinas, exterior)

La falta de adherencia del propietario representa la causa más frecuente de fracaso de los EDT y debe reevaluarse sistemáticamente en caso de fracaso aparente. Las fuentes de desviación del protocolo comprenden los medicamentos aromatizados no identificados (comprimidos apetentes que contienen proteínas de pollo o vacuno como excipiente), las golosinas dadas por terceros y el acceso a la comida de otro animal.

18.2 — Causa N°2: contaminación cruzada del alimento comercial utilizado

La contaminación cruzada del alimento comercial utilizado constituye la segunda causa de fracaso. Los datos PCR recientes muestran que la mayoría de los alimentos OTC contienen proteínas no declaradas (Ricci 2018, Kępińska-Pacelik 2023). El paso a un alimento veterinario terapéutico fabricado en una línea dedicada puede resolver este tipo de fracaso.

18.3 — Causa N°3: DAA concomitante no controlada simulando el fracaso

La DAA concomitante no controlada puede simular el fracaso de la dieta al mantener el prurito independientemente de la componente alimentaria. La adición de un tratamiento dirigido a la componente ambiental (oclacitinib, lokivetmab) permite discriminar las dos componentes y revelar una mejoría parcial atribuible a la exclusión alimentaria.

18.4 — Causa N°4: alergenicidad residual de los hidrolizados

La alergenicidad residual de los hidrolizados, estimada en el 25-40 % de los perros según los datos de Masuda (2020), explica los fracasos observados con algunas dietas hidrolizadas de grado de hidrólisis insuficiente. El paso de una dieta hidrolizada estándar (< 13 kDa) a una dieta extensivamente hidrolizada (< 1-3 kDa), casera o elemental puede resolver este tipo de fracaso.

18.5 — Causa N°5: duración insuficiente (< 8 semanas)

La duración insuficiente (< 8 semanas) es una causa de fracaso evitable. Recordemos que el 10 % de los respondedores solo muestran mejoría entre la semana 8 y la semana 12 (Olivry 2015). Un EDT interrumpido prematuramente puede conducir erróneamente al diagnóstico de exclusión de la RCAA.

18.6 — Algoritmo de resolución de los EDT con fracaso aparente

El algoritmo de resolución de un EDT con fracaso aparente comprende cinco etapas secuenciales: la verificación de la adherencia (anamnesis detallada de todo lo que el animal ha ingerido), el tratamiento de las sobreinfecciones secundarias residuales, el cambio de dieta (paso de una dieta hidrolizada a una dieta con proteína nueva o a la inversa, paso a una dieta elemental), la adición de un tratamiento antipruriginoso dirigido a la componente ambiental, y la extensión de la duración a 12 semanas.

Capítulo 19 — Alimentación a Largo Plazo tras la Confirmación Diagnóstica

19.1 — Supresión permanente de los alérgenos identificados

La supresión permanente de los alérgenos identificados mediante las pruebas de provocación individuales constituye el imperativo nutricional del manejo a largo plazo. Esta supresión debe ser absoluta y definitiva: la reintroducción, incluso ocasional, de un alérgeno identificado provoca una recidiva clínica en 2 a 14 días en la mayoría de los casos (Olivry 2020).

19.2 — Estrategia sin provocaciones individuales con mantenimiento de la dieta de remisión

Cuando las provocaciones individuales no se han realizado (por rechazo del propietario o por elección clínica), el mantenimiento de la dieta de remisión constituye la estrategia por defecto. El animal continúa con la misma dieta de eliminación que condujo a la mejoría clínica, sin intentar ninguna reintroducción.

Se recomienda un seguimiento periódico cada 6 a 12 meses, que comprende un balance biológico (proteinemia, perfil lipídico), una evaluación de la calidad del pelaje y de la piel, y un control del peso y la vitalidad general. Este seguimiento tiene como objetivo detectar precozmente cualquier carencia nutricional, cualquier nueva sensibilización o cualquier recidiva clínica.

El riesgo de neosensibilización a la proteína de la dieta de mantenimiento es biológicamente plausible y se registra de manera anecdótica en la práctica clínica especializada, pero su prevalencia exacta no ha sido cuantificada por estudios longitudinales publicados. Se recomienda un seguimiento clínico periódico (cada 6 a 12 meses) para detectar cualquier recidiva de signos que pueda ser indicativa de una nueva sensibilización.

19.3 — Rotación de las fuentes proteicas: estrategia empírica, datos no robustos

La rotación de las fuentes proteicas, aunque propuesta de manera empírica, no se basa en ningún dato clínico sólido y no puede recomendarse como estrategia de prevención validada por la evidencia. Prevenir la sensibilización variando las exposiciones está contradicho por la ausencia de estudios prospectivos controlados. El mantenimiento de una dieta única que haya demostrado su eficacia sigue siendo la estrategia más segura en el estado actual del conocimiento.

PARTE XI — Conclusión

El manejo de las reacciones cutáneas adversas a los alimentos en el perro y el gato se basa en un proceso diagnóstico riguroso del que la dieta de eliminación constituye la piedra angular.

Los avances de los últimos años, la caracterización molecular de los alérgenos, el desarrollo de dietas con hidrólisis extensiva (< 1-3 kDa), los estudios prospectivos multicéntricos aleatorizados que comparan las formulaciones hidrolizadas (Lewis TP 2025), han reforzado la base científica de este enfoque sin modificar su principio fundamental: solo la exclusión alimentaria estricta seguida de la prueba de provocación permite un diagnóstico de certeza. La contaminación cruzada de los alimentos comerciales, documentada por los análisis PCR recientes (Ricci 2018, Kępińska-Pacelik 2023), impone una vigilancia constante en la elección del alimento de eliminación y privilegia las dietas veterinarias terapéuticas fabricadas en líneas dedicadas. Los datos de Masuda et al. (2020) sobre la estimulación linfocitaria T residual por los hidrolizados (28,8 % de respuestas positivas) plantean la cuestión de la optimización de los procesos de hidrólisis para neutralizar tanto la reactividad IgE como la reactividad T-celular.

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