La dermatología pediátrica del cachorro y del gatito

Share DermaVet Insights ;-)

La dermatología pediátrica veterinaria es un campo en el que se imponen el rigor diagnóstico y la prudencia terapéutica. Los cachorros y los gatitos, cuyos sistemas inmunitario y cutáneo están aún en proceso de maduración, presentan cuadros clínicos sensiblemente distintos de los observados en los adultos. En el último congreso ESVD celebrado en Bilbao, nuestra colega Ana Oliveira repasó en detalle las particularidades de la dermatología pediátrica del cachorro y del gatito, tanto en el plano diagnóstico como en el terapéutico.

Estos pacientes pediátricos concentran un abanico notablemente amplio de afecciones dermatológicas: enfermedades infecciosas de origen fúngico o bacteriano, infestaciones parasitarias, dermatosis inmunomediadas y trastornos congénitos del tejido conjuntivo. Cada una de estas entidades clínicas exige un enfoque diagnóstico adaptado y elecciones terapéuticas razonadas, que tengan en cuenta las limitaciones ligadas a la edad, el peso y la raza del animal.

Sommaire masquer

La anamnesis inicial: las preguntas imprescindibles

El origen del animal y el contexto de aparición de las lesiones

Toda consulta dermatológica pediátrica comienza con una anamnesis rigurosa, algunos de cuyos elementos tienen un valor diagnóstico de primer orden. La procedencia del animal es la primera información que hay que recoger: un cachorro o gatito procedente de un criadero no está expuesto a los mismos riesgos epidemiológicos que un animal adoptado en un refugio. En las colectividades, la densidad de animales y las condiciones sanitarias favorecen la transmisión de numerosos agentes patógenos, ya sean fúngicos, bacterianos o parasitarios.

La edad de aparición de los primeros signos clínicos es también un elemento central. En la práctica, los propietarios consultan con frecuencia varias semanas, o incluso varios meses, después del inicio de los problemas, lo que complica a veces la interpretación de las lesiones observadas y puede inducir a error sobre la cronología real de la enfermedad. El clínico debe intentar siempre reconstruir esta cronología con precisión, con preguntas dirigidas sobre las primeras manifestaciones observadas, su localización inicial y su evolución en el tiempo. Esta reconstrucción cronológica es tanto más importante cuanto que algunas afecciones pediátricas, en particular las dermatofitosis y las infestaciones parasitarias, pueden evolucionar en silencio durante varias semanas antes de que las lesiones se hagan clínicamente evidentes.

La afectación de los hermanos de camada

La pregunta sobre la afectación de los demás animales de la camada tiene una importancia especial en las afecciones parasitarias e infecciosas. Una contaminación simultánea de varios animales de la misma camada orienta con fuerza hacia una etiología contagiosa y debe llevar a examinar a todos los individuos potencialmente expuestos, ya sean otros animales de compañía o, en algunos casos, las personas del hogar. Este dato epidemiológico es crucial para guiar no solo el diagnóstico, sino también el alcance de las medidas terapéuticas y profilácticas que deben aplicarse. En algunas afecciones con alto potencial zoonótico, como la dermatofitosis por Microsporum canis, informar a los propietarios sobre el riesgo de transmisión al ser humano forma parte integrante del manejo.

Las dermatofitosis en los pacientes pediátricos

Presentación clínica y variabilidad de las lesiones

La dermatofitosis es una de las afecciones infecciosas más frecuentes en cachorros y gatitos. Su presentación clínica es, sin embargo, de una variabilidad desconcertante, lo que exige una vigilancia diagnóstica constante. La lesión descrita clásicamente, una zona circular de alopecia acompañada de descamación de intensidad variable, sin prurito notable, constituye sin duda el cuadro más típico, pero está lejos de ser sistemática. Como ejemplo clínico, un Bulldog Francés de tres meses puede presentarse con zonas de alopecia circular con descamación variable y sin prurito, localizadas en el hombro, la axila y la cabeza. Ante este cuadro, el diagnóstico diferencial incluye la dermatofitosis, la foliculitis bacteriana y la demodicosis, lo que justifica de entrada realizar un examen básico.

En el gatito, y en particular en las razas de pelo largo como el Persa, la descamación puede manifestarse como signo aislado, sin ninguna alopecia evidente. En estas situaciones, la afección corre el riesgo de ser banalizada por el propietario o incluso por un veterinario poco experimentado, que atribuye el aspecto escamoso del pelaje a una simple falta de higiene o a una alimentación inadecuada. Sin embargo, una descamación generalizada en un gato joven puede indicar una dermatofitosis difusa, cuyo potencial zoonótico y contagioso es real: el animal puede transmitir la infección a los demás animales del hogar y a las personas en contacto estrecho con él.

En el perro también existen presentaciones atípicas, en particular en forma de querion, lesión nodular exudativa que corresponde histológicamente a un infiltrado purulento neutrofílico asociado a macrófagos e hifas fúngicas, o de dermatitis pustulosa y costrosa. Ante una dermatitis pustulosa costrosa refractaria a los antibióticos, debe considerarse obligatoriamente la posibilidad de una dermatofitosis causada por una especie distinta de Microsporum canis. Esta vigilancia es tanto más necesaria cuanto que otras especies de dermatofitos, menos frecuentes que Microsporum canis, pueden generar cuadros clínicos engañosos, y su identificación requiere un cultivo fúngico completo con examen morfológico de los macroconidios, así como tinciones histológicas para hongos.

Herramientas diagnósticas: de la lámpara de Wood al cultivo fúngico

El examen básico ante cualquier alopecia pediátrica sospechosa incluye el tricograma, el raspado cutáneo profundo y el examen con la lámpara de Wood. Esta última ocupa un lugar destacado en la evaluación de los pacientes jóvenes: no invasiva, permite detectar rápidamente una fluorescencia verde característica de Microsporum canis en los tallos de los pelos afectados. Es fundamental realizar este examen en toda la superficie corporal y no solo en las zonas de alopecia clínicamente visibles. En efecto, puede haber pelos fluorescentes en regiones de aspecto macroscópicamente normal, como las zonas perioculares, los bordes de los pabellones auriculares o el hocico, lo que revela una afectación más extensa que la sugerida por el examen clínico solo. La fluorescencia observada con la lámpara de Wood se presenta como un verde vivo que afecta específicamente a los tallos de los pelos y no al material escamoso ni a las costras, lo que constituye un criterio de interpretación importante para no confundir una verdadera fluorescencia dermatofítica con artefactos luminosos.

Los pelos fluorescentes tienen un doble interés práctico: su toma dirigida optimiza la calidad del tricograma, en el que la presencia de artrosporas dispuestas en manguito alrededor del tallo piloso confirma la naturaleza infecciosa de la afectación y descarta una contaminación ambiental accidental. Estos mismos pelos son también el mejor material para sembrar un cultivo fúngico. El uso de los pelos fluorescentes para el tricograma y el cultivo ofrece así una ventaja diagnóstica considerable frente a la toma de muestras a ciegas, al aumentar de forma significativa la probabilidad de poner de manifiesto el patógeno.

En la práctica clínica se utiliza habitualmente el medio DTM (Dermatophyte Test Medium): el viraje del medio del amarillo al rojo, simultáneo al desarrollo de colonias blanquecinas, constituye una señal de alarma que justifica un análisis complementario. Este análisis pasa por la identificación morfológica de los macroconidios, único medio de confirmar que se trata de un dermatofito y de determinar la especie responsable. En los animales con afectación generalizada, el uso de un cepillo de dientes nuevo para cepillar todo el pelaje antes de sembrar el medio de cultivo es una técnica sencilla y eficaz, especialmente adecuada para los casos difusos en los que el número de zonas lesionales es demasiado elevado para una toma localizada sistemática.

Estrategias terapéuticas adaptadas a la edad

El tratamiento de la dermatofitosis pediátrica combina medidas tópicas y, si es necesario, un tratamiento sistémico. El rasurado del pelo, recomendado durante mucho tiempo, se considera hoy con prudencia por el riesgo de diseminación de las esporas fúngicas durante el procedimiento. El refuerzo de las medidas de higiene ambiental sigue siendo, en cambio, indispensable, con la descontaminación regular de las superficies, las camas y los accesorios en contacto con el animal.

En el plano tópico, los baños de azufre y cal se han utilizado durante mucho tiempo y son reconocidos por su eficacia y su perfil de seguridad satisfactorio. Como su disponibilidad varía según los países, el enilconazol al 0,2 % o un champú que asocie clorhexidina y miconazol constituyen alternativas válidas y ampliamente accesibles en la mayoría de los países europeos.

Cuando es necesario un tratamiento sistémico, en particular en las formas generalizadas o para prevenir la transmisión a los hermanos de camada y a los propietarios, el itraconazol puede prescribirse en gatitos de más de un kilogramo o de más de seis semanas de edad. En el cachorro, su uso corresponde a una prescripción fuera de indicación, lo que implica informar al propietario y documentar la decisión clínica en la historia del animal. Esta transparencia es esencial para establecer una relación de confianza con el propietario y para cumplir las obligaciones reglamentarias aplicables a la prescripción excepcional en medicina veterinaria.

Las infecciones bacterianas cutáneas: foliculitis e impétigo

Distinciones clínicas e implicaciones diagnósticas

Las infecciones bacterianas superficiales son otra causa frecuente de consulta dermatológica en los carnívoros domésticos jóvenes. La distinción entre foliculitis bacteriana e impétigo tiene una importancia clínica que va más allá del simple marco nosológico, porque condiciona directamente la búsqueda de una etiología subyacente.

La foliculitis bacteriana se caracteriza por una infección localizada en el interior del folículo piloso. Las pústulas resultantes son pequeñas y están atravesadas por un pelo en su centro, signo patognomónico cuando está presente. Se observan además lesiones circulares con eritema periférico e hiperpigmentación central, que reflejan una evolución ya antigua. La distribución preferente de las lesiones afecta al abdomen y a la cara medial de las extremidades posteriores. Esta presentación se descubre a veces de forma casual, por ejemplo en una consulta preoperatoria: una perra joven preparada para una esterilización puede revelar así, tras el rasurado, numerosas pápulas y pústulas en el vientre y en la cara medial de las patas traseras, con aquí y allá una pústula típica con un pelo que emerge justo de su centro. En este contexto debe buscarse siempre una causa subyacente: una demodicosis, una hipersensibilidad alimentaria o ambiental pueden constituir el terreno que favorece la proliferación bacteriana.

El impétigo se distingue por la localización intraepidérmica de la infección, que genera pústulas de mayor tamaño. A diferencia de la foliculitis, el impétigo aparece generalmente sin una causa subyacente identificable y afecta con preferencia a cachorros sanos. La citología de ambas entidades revela un infiltrado neutrofílico con cocos, intracelulares o extracelulares según el grado de actividad fagocitaria. Esta similitud citológica refuerza la importancia de la evaluación clínica para distinguir ambas entidades, en particular observando el tamaño de las pústulas y su relación con el folículo piloso.

Orientaciones terapéuticas

El impétigo puede tratarse exclusivamente por vía tópica: la aplicación local de clorhexidina suele bastar para resolver la infección sin recurrir a antibióticos sistémicos. Para la foliculitis bacteriana, el tratamiento tópico también es suficiente en la mayoría de los casos, siempre que se identifique y corrija la causa predisponente. Los antibióticos sistémicos deben reservarse para las situaciones en las que el tratamiento tópico solo resulta insuficiente o impracticable, para limitar el riesgo de selección de resistencias bacterianas, problema de importancia creciente tanto en medicina veterinaria como en medicina humana.

La celulitis juvenil: una dermatosis de origen inmunitario

Cuadro clínico y criterios diagnósticos

La celulitis juvenil es una afección dermatológica característica de los cachorros de entre unas tres semanas y cuatro meses de edad. El cuadro clínico comienza típicamente con un edema facial agudo, predominante en las regiones periocular y nasal, que se acompaña rápidamente de pústulas y de una exudación más o menos marcada. También pueden aparecer lesiones cutáneas en la región perianal, aunque esta localización es menos constante y la afectación facial sigue siendo el principal signo guía.

El signo clínico más característico, y probablemente el más útil para orientar el diagnóstico, es el aumento de tamaño de los ganglios linfáticos submandibulares, cuya hipertrofia puede ser espectacular y desproporcionada con respecto al tamaño del animal. Este signo, junto con la localización facial predominante y el grupo de edad afectado, debe alertar al clínico y orientarlo de inmediato hacia este diagnóstico.

En el plano citológico, en ausencia de sobreinfección bacteriana secundaria, el contenido de las lesiones revela un exudado piogranulomatoso estéril, compuesto de neutrófilos y macrófagos sin bacterias. Este perfil inflamatorio orienta hacia una desregulación inmunitaria, hipótesis etiopatogénica más comúnmente planteada, aunque no establecida de forma definitiva hasta la fecha. Se ha sugerido una predisposición genética por la distribución racial de la afección y por la afectación a veces simultánea de varios individuos de una misma camada, lo que constituye un argumento epidemiológico adicional a favor de un componente hereditario.

Manejo terapéutico

La respuesta a un tratamiento inmunomodulador suele ser rápida y constituye en sí misma un argumento diagnóstico a posteriori. La prednisolona administrada durante dos a cuatro semanas es el protocolo de referencia. Siempre se añade un tratamiento antiséptico tópico con clorhexidina para prevenir las sobreinfecciones bacterianas secundarias, cuya aparición podría complicar la evolución y dejar cicatrices capaces de alterar de forma duradera el aspecto estético del animal. La prevención de estas secuelas cicatriciales es, por otra parte, una de las principales razones para intervenir rápidamente en cuanto se establece el diagnóstico.

Las ectoparasitosis: Cheyletiella, sarna sarcóptica y demodicosis

Cheyletielosis

Cheyletiella spp. es un ácaro de superficie cuya presencia provoca una descamación difusa, a menudo asociada a un prurito de intensidad variable. Estos ácaros, caracterizados por sus ganchos en forma de garra y visibles al microscopio óptico, pueden ponerse de manifiesto con un raspado superficial o con cinta adhesiva. El examen microscópico directo permite identificar fácilmente su morfología característica.

Sarna sarcóptica

La sarna sarcóptica se manifiesta con un prurito intenso, a menudo grave, acompañado de excoriaciones cutáneas y de un reflejo otopodal positivo en el examen clínico. Los bordes de los pabellones auriculares están afectados de forma clásica y presentan lesiones papulocostrosas características. La citología de estas pápulas revela típicamente la presencia de eosinófilos, reflejo de una reacción de hipersensibilidad al ácaro. El raspado cutáneo superficial puede permitir identificar los ácaros Sarcoptes scabiei, aunque su densidad a veces es baja y la sensibilidad de esta prueba sigue siendo limitada, de modo que un resultado negativo no basta para descartar el diagnóstico.

Las isoxazolinas, cuya autorización de comercialización incluye ahora el tratamiento de la sarna sarcóptica, han simplificado considerablemente el manejo de esta afección. Su elevada eficacia y su perfil de tolerancia satisfactorio las convierten en el tratamiento de elección en los pacientes pediátricos, y ofrecen una alternativa mucho más cómoda que los antiguos protocolos con amitraz o ivermectina inyectable, que presentaban más limitaciones y riesgos potenciales en los animales jóvenes.

Demodicosis juvenil

La demodicosis juvenil se presenta en dos formas clínicas distintas, cuyo significado pronóstico difiere sensiblemente. La forma localizada, caracterizada por algunas zonas de alopecia focales, predominantes en las regiones perioculares, nasales o distales de las extremidades, suele resolverse de forma espontánea y no siempre justifica un tratamiento específico. La forma generalizada, en cambio, es una afección grave que puede afectar a toda la superficie corporal, con alopecia extensa, hiperqueratosis, hiperpigmentación y, con frecuencia, una sobreinfección bacteriana superficial asociada que se manifiesta con pústulas y una característica hiperpigmentación azulada, bien visible en la piel abdominal de los animales poco pigmentados.

Como ejemplo, un Bulldog Francés adquirido a los dos meses de edad, con algunas pérdidas de pelo iniciales que pasaron inadvertidas, puede evolucionar hacia una demodicosis generalizada grave que afecta a todo el cuerpo en el momento de la consulta, a veces varios meses después del inicio de la afección. El cuadro clínico observable entonces es llamativo: casi ausencia de pelo en grandes zonas, hiperqueratosis marcada, hiperpigmentación difusa y foliculitis bacteriana superficial en el vientre, con las pústulas características y la típica hiperpigmentación azulada que acompaña a las piodermas asociadas a la demodicosis crónica.

El diagnóstico se basa en el raspado cutáneo profundo, que permite poner de manifiesto los ácaros Demodex en gran número en los folículos pilosos. En las zonas de difícil acceso, en particular las regiones perioculares, el tricograma, realizado mediante una depilación manual cuidadosa de los pelos, ofrece una alternativa práctica y eficaz. La aplicación de una cinta adhesiva sobre la piel pellizcada representa un tercer enfoque, especialmente útil en los pacientes poco colaboradores o en las zonas en las que el raspado es técnicamente difícil.

La llegada de las isoxazolinas ha transformado profundamente el manejo de la demodicosis generalizada. Antes de su disponibilidad, las formas graves de esta afección representaban verdaderos retos terapéuticos, en particular en los cachorros de razas braquicéfalas. Hoy, con estas moléculas se obtienen con regularidad remisiones clínicas completas, objetivadas por dos raspados cutáneos consecutivos negativos realizados con dos semanas de intervalo. Este criterio de curación, que asocia la remisión clínica completa a la negativización de dos raspados consecutivos, debe respetarse rigurosamente antes de plantear la retirada del tratamiento, para evitar las recaídas. El seguimiento regular de los pacientes en tratamiento sigue siendo, no obstante, indispensable, y la frecuencia de los controles debe adaptarse a la gravedad inicial y a la evolución clínica de cada individuo.

La dermatología pediátrica del cachorro y del gatito

Demodicosis juvenil

Las hipersensibilidades cutáneas en el cachorro

Reacción adversa al alimento: enfoque diagnóstico y protocolo de eliminación

Una vez descartadas las etiologías infecciosas y parasitarias, el prurito persistente en un cachorro debe hacer pensar en una hipersensibilidad. La reacción adversa al alimento puede manifestarse muy precozmente, desde los cuatro meses de edad, con un prurito que afecta preferentemente al abdomen, a los espacios interdigitales y a las regiones axilares. El eritema, las excoriaciones y, en los casos de evolución prolongada, la hiperpigmentación progresiva son los signos cutáneos habituales. Así, un cachorro puede presentarse en consulta con un prurito abdominal que comenzó a los cuatro meses de edad, asociado a excoriaciones, eritema difuso, cierta hiperpigmentación que refleja la antigüedad de los problemas y un eritema interdigital marcado.

La dieta de eliminación es la prueba diagnóstica de referencia. Su aplicación en el cachorro obliga a tener en cuenta la edad, el peso y la raza del animal, para elegir una alimentación adaptada a las necesidades nutricionales específicas de un organismo en crecimiento. Un Yorkshire Terrier de seis meses alcanzará su tamaño adulto en un plazo relativamente breve, lo que amplía las opciones alimentarias disponibles, mientras que un Gran Danés de la misma edad seguirá creciendo hasta aproximadamente el año y medio, lo que impone limitaciones nutricionales más estrictas. Puede consultarse a los fabricantes de dietas veterinarias a base de proteínas hidrolizadas o de proteínas nuevas para confirmar que el producto previsto se adapta a las necesidades del animal. En caso de duda sobre la adecuación nutricional de una dieta casera a base de una proteína nueva, se recomienda pedir la opinión de un nutricionista veterinario, para garantizar el equilibrio de la dieta y prevenir carencias que puedan comprometer el desarrollo del animal joven.

La duración mínima recomendada de la dieta de eliminación es de ocho semanas de media, teniendo en cuenta que algunos pacientes pueden necesitar de diez a doce semanas para mostrar una mejoría clínica significativa. En caso de mejoría, parcial o total, es necesaria una prueba de provocación con la reintroducción de la alimentación original para confirmar el diagnóstico. Si esta prueba reproduce los signos clínicos, se confirma el diagnóstico de reacción adversa al alimento. Si no hay mejoría, o si la mejoría sigue siendo parcial tras una dieta correctamente realizada, debe considerarse una dermatitis atópica.

Dermatitis atópica por aeroalérgenos: una entidad diagnosticada cada vez más pronto

La dermatitis atópica por aeroalérgenos es una enfermedad inflamatoria cutánea compleja y multifactorial, que resulta de la interacción entre anomalías de la barrera epidérmica, una respuesta inmunitaria aberrante frente a los alérgenos ambientales y una predisposición genética racial. Los ácaros ambientales, los pólenes y los hongos son las fuentes alergénicas implicadas con más frecuencia.

Pueden aparecer signos clínicos sugestivos de dermatitis atópica desde los primeros meses de vida, en particular en razas muy predispuestas como el Bulldog Francés. El cuadro clásico es un eritema de los pliegues axilares, de los espacios interdigitales, de las regiones perioculares y peribucales, y del abdomen. En los cachorros, los propietarios interpretan a veces estos comportamientos, como el lamido repetido de las patas o el rascado del vientre, como juegos normales, lo que retrasa la consulta. Sin embargo, la progresión insidiosa de las lesiones acaba alertando a los observadores atentos, a medida que el eritema se intensifica, las lesiones de rascado se hacen más numerosas y el comportamiento pruriginoso se instala de forma duradera en la rutina del animal. Un Bulldog Francés que se lame las patas y se rasca el vientre desde los ocho meses de edad, con eritema axilar, interdigital, periocular, peribucal y abdominal, es un ejemplo representativo de este cuadro clínico precoz, que obliga a iniciar sin demora un enfoque diagnóstico estructurado.

La dermatología pediátrica del cachorro y del gatito

La dermatitis atópica puede comenzar muy pronto en algunas razas

Enfoque terapéutico en el cachorro atópico: fase reactiva y estrategia proactiva

El manejo de la dermatitis atópica en el cachorro requiere articular dos niveles de intervención complementarios: una terapia reactiva destinada a controlar rápidamente el prurito, y un enfoque proactivo dirigido a mantener el confort cutáneo a largo plazo.

Terapia reactiva

El lokivetmab es el tratamiento sistémico de primera elección en el cachorro, porque está autorizado sin restricción de edad mínima. Administrado mensualmente por vía subcutánea en Europa, presenta una respuesta variable de un individuo a otro, al igual que en el adulto, y puede ser total o parcialmente eficaz según los casos. Esta variabilidad de la respuesta individual es una realidad clínica que conviene anticipar al informar al propietario, para evitar decepciones y mantener la adherencia terapéutica incluso cuando la respuesta inicial es incompleta. Como complemento, la prednisolona puede utilizarse durante periodos cortos, administrada una vez al día, para controlar los brotes pruriginosos graves. La prudencia se impone ante un organismo en crecimiento, cuyo desarrollo somático y maduración inmunitaria podrían verse afectados en teoría por una corticoterapia prolongada, aunque los ciclos breves suelen tolerarse bien. Este aspecto exige una conversación transparente con el propietario, subrayando que, si el tratamiento es necesario, debe mantenerse lo más corto posible.

El aceponato de hidrocortisona en aplicación tópica diaria es una alternativa interesante para las zonas pruriginosas localizadas, como los espacios interdigitales o el abdomen. Su eficacia sobre los focos inflamatorios circunscritos es satisfactoria, siempre que no se prolongue en exceso el tratamiento por el riesgo de atrofia cutánea inducida. Los tratamientos tópicos complementarios, como pipetas, espumas o toallitas de clorhexidina o hidratantes, son bien tolerados por los cachorros y contribuyen activamente al control sintomático, en particular cuando no pueden realizarse baños con regularidad. Estos formatos tienen la ventaja de ser fáciles de usar para los propietarios, lo que favorece la adherencia terapéutica cuando es difícil mantener la frecuencia de los baños.

El objetivo principal de la terapia reactiva es detener el prurito y aportar un confort inmediato al animal. Es posible, y a menudo deseable, combinar varios de estos enfoques para alcanzar este objetivo. Un baño hidratante, asociado si es necesario a un champú de clorhexidina en caso de disbiosis o de pioderma superficial concomitante, completa de forma útil el tratamiento farmacológico. Cuando no es posible realizar baños frecuentes, las pipetas, espumas y toallitas son alternativas prácticas que permiten mantener un efecto beneficioso sobre la barrera cutánea entre baño y baño.

Estrategia proactiva

A largo plazo, y en particular en las razas con fuerte predisposición atópica, debe instaurarse una estrategia proactiva en cuanto se controlan los brotes inflamatorios. La suplementación con ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6, o la elección de un alimento naturalmente rico en estos nutrientes, contribuye a mantener la integridad de la barrera cutánea y a reducir la inflamación de fondo. Los antihistamínicos, cuya eficacia antipruriginosa se reconoce como limitada, pueden usarse no obstante en el cachorro como tratamiento complementario. La palmitoiletanolamida, molécula inhibidora de los mastocitos con una ligera actividad antipruriginosa, puede introducirse a cualquier edad; como su acción es progresiva, corresponde a un tratamiento de fondo más que a una terapia de crisis, y su introducción precoz en el recorrido terapéutico del cachorro atópico puede contribuir a reducir la intensidad y la frecuencia de los brotes inflamatorios a largo plazo. Los baños con un champú hidratante, asociados si es necesario a un champú de clorhexidina en caso de disbiosis o de pioderma superficial concomitante, son un pilar del tratamiento de mantenimiento, que debe mantenerse de forma regular incluso fuera de los brotes.

Limitaciones de edad para los tratamientos sistémicos

Deben respetarse rigurosamente las restricciones de edad mínima de las principales moléculas inmunomoduladoras disponibles: la ciclosporina puede usarse a partir de los seis meses, el oclacitinib a partir del año, las inmunocitocinas a partir del año y la inmunoterapia específica con alérgenos a partir de los seis meses. La instauración de una inmunoterapia debe ir precedida de un estudio alergológico, prueba intradérmica o determinación de IgE séricas, realizado preferiblemente después del año de edad. Realizar estas pruebas demasiado pronto corre el riesgo de no detectar todas las IgE específicas en el suero, ya sea porque la sensibilización es incompleta, ya sea porque el cachorro aún no ha estado expuesto a todos los alérgenos estacionales. Esperar un año garantiza así una exposición completa a las distintas estaciones y optimiza el valor diagnóstico de la prueba, lo que permite tomar una decisión informada sobre la inmunoterapia a partir de un estudio alergológico realmente representativo del perfil de sensibilización del animal.

Patologías dermatológicas específicas del gatito

Otitis externa proliferativa y necrosante

La otitis externa proliferativa y necrosante es una entidad clínica rara, descrita exclusivamente en el gatito, por lo general entre los dos y los seis meses de edad. Se manifiesta con placas bien delimitadas, cubiertas de costras gruesas y adherentes, localizadas preferentemente en la entrada del conducto auditivo externo, aunque se han descrito afectaciones faciales, con placas circulares labiales, y escrotales. El prurito asociado varía de un individuo a otro. La complicación más frecuente es la otitis secundaria, debida a la obstrucción parcial del conducto por las placas costrosas, lo que puede provocar dolor auricular y manifestaciones conductuales asociadas que los propietarios describen como irritabilidad o mayor sensibilidad al tocar la cabeza.

La etiopatogenia de esta afección sigue sin aclararse del todo. Se han planteado, sin embargo, argumentos inmunológicos, en particular la implicación de los linfocitos T CD3 en el proceso inflamatorio, lo que sugiere una respuesta inmunitaria aberrante mediada localmente. En algunos pacientes es posible una resolución espontánea, paralela a la maduración del sistema inmunitario, lo que concuerda con la hipótesis de una desregulación inmunitaria transitoria ligada a la inmadurez del sistema linfocitario de los gatitos jóvenes.

El diagnóstico se basa en la histopatología en los casos que suponen un reto diagnóstico, aunque en la práctica una presentación clínica típica en un gatito de la edad afectada puede justificar el inicio del tratamiento sin confirmación histológica previa. En el plano terapéutico, el tacrolimus tópico y el aceponato de hidrocortisona en aplicación local son las opciones de primera elección, administrados dos veces al día. Los esteroides por vía oral rara vez son necesarios. Las respuestas terapéuticas documentadas son favorables, con remisiones clínicas completas obtenidas en dos semanas con un tratamiento tópico bien realizado, como demuestran los casos en los que gatitos con ambos pabellones auriculares cubiertos de placas gruesas alcanzan una remisión completa tras dos semanas de aplicación dos veces al día de aceponato de hidrocortisona.

La dermatología pediátrica del cachorro y del gatito

Otitis externa proliferativa y necrosante en un gatito

La astenia cutánea: una afección congénita sin tratamiento curativo

Características clínicas y genéticas

La astenia cutánea, también llamada síndrome de Ehlers-Danlos veterinario, es una patología congénita del tejido conjuntivo, observada en perros y gatos, caracterizada por una notable hiperextensibilidad cutánea. Los propietarios describen que la piel se desgarra espontáneamente ante el menor traumatismo, lo que refleja una profunda fragilidad mecánica ligada a una anomalía estructural del colágeno dérmico. La hiperextensibilidad cutánea es realmente sorprendente en el examen clínico: los propietarios pueden levantar y estirar la piel de su animal de forma dramáticamente anormal con respecto a lo que espera un examinador. Paradójicamente, estos pacientes no parecen manifestar dolor durante los episodios de desgarro, cicatrizan correctamente y no suelen desarrollar infecciones secundarias, lo que constituye un aspecto notable de esta afección.

El modo de transmisión es hereditario, con formas autosómicas dominantes y recesivas según las especies y las mutaciones implicadas. Se han identificado varios genes en las distintas especies afectadas. La esterilización de los animales afectados es imprescindible para evitar la transmisión de la mutación a la descendencia, y esta recomendación debe comunicarse claramente a los propietarios en cuanto se establece el diagnóstico.

Manejo a largo plazo

No existe hasta la fecha ningún tratamiento curativo para la astenia cutánea. El manejo es, por tanto, exclusivamente sintomático y se basa en la sutura repetida de las heridas cutáneas a lo largo de la vida del animal. Estas intervenciones, que pueden ser frecuentes según los individuos y las actividades a las que estén expuestos, exigen un seguimiento veterinario regular y una concienciación rigurosa de los propietarios sobre las precauciones para limitar los traumatismos cutáneos. La restricción de las actividades potencialmente traumáticas, como los juegos con otros animales o el acceso a zonas de riesgo, y la adaptación del entorno de vida son los pilares de la prevención de los desgarros. El acompañamiento psicológico de los propietarios también es importante, porque el manejo de por vida de un animal con astenia cutánea puede suponer una carga emocional y económica considerable, que conviene anticipar desde el anuncio del diagnóstico.

Conclusión

La dermatología pediátrica veterinaria agrupa un amplio espectro de afecciones, algunas directamente ligadas a la inmadurez del sistema inmunitario, otras a agentes infecciosos o parasitarios que aprovechan la vulnerabilidad del organismo joven, y otras a desregulaciones inmunitarias o a defectos congénitos del tejido conjuntivo. Ante un cachorro o un gatito con lesiones cutáneas, el enfoque diagnóstico debe ser metódico y jerarquizado, comenzando por una anamnesis precisa, que incluya el origen del animal, la edad de aparición de los signos y la posible afectación de los hermanos de camada, antes de orientar las pruebas complementarias según las hipótesis más probables.

Las herramientas diagnósticas disponibles, lámpara de Wood, tricograma, raspado cutáneo, citología, cultivo fúngico e histopatología, permiten sustentar el diagnóstico con buena fiabilidad cuando se usan de forma dirigida y razonada. En el plano terapéutico, las decisiones deben tener en cuenta las limitaciones de edad, peso y raza, dando prioridad a las moléculas con una autorización de comercialización adecuada para los pacientes jóvenes y reservando los tratamientos sistémicos potentes para las situaciones en las que el beneficio clínico justifica la relación beneficio-riesgo.

Los avances recientes de las isoxazolinas para el tratamiento de las ectoparasitosis y del lokivetmab para el manejo de la dermatitis atópica pediátrica han modificado profundamente la práctica, ofreciendo alternativas terapéuticas eficaces y mejor toleradas. Quedan abiertas perspectivas de investigación, en particular sobre la etiopatogenia de la celulitis juvenil y de la otitis externa proliferativa y necrosante, cuyos mecanismos inmunitarios subyacentes siguen siendo en parte oscuros. Del mismo modo, determinar el momento óptimo para iniciar una inmunoterapia específica en los cachorros atópicos merece estudios prospectivos profundos, para definir criterios clínicos y biológicos precisos que guíen esta decisión.

Oliveira A. Dermatological diseases in paediatric patients. ESVD Conference, Bilbao, 2025

Share DermaVet Insights ;-)
Scroll al inicio