Tratamiento de las dermatofitosis del perro y del gato en 2026: moléculas disponibles y protocolos actualizados

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Las dermatofitosis son infecciones superficiales de la piel y del pelo causadas por hongos queratinófilos de los géneros Microsporum, Trichophyton y Nannizzia. En el perro y en el gato, Microsporum canis predomina ampliamente. La afección es contagiosa, infecciosa y transmisible al hombre, lo que le confiere un lugar aparte en la consulta dermatológica. El veterinario trata a un animal y protege a su hogar.

Aproximadamente la mitad de las personas expuestas a un gato infectado, sintomático o no, contrae la infección, y en el 30 al 70 % de los hogares que albergan un gato infectado al menos una persona resulta afectada (Miller et al., 2013). El tratamiento, en cambio, ha cambiado. No en sus principios, fijados por recomendaciones consensuadas internacionales, sino en los medios: varias especialidades han desaparecido, ha aparecido un mecanismo de resistencia. Por ello era el momento, en 2026, de hacer un repaso completo tanto de las moléculas todavía disponibles como de los protocolos actualizados.

Nota para el lector: el marco normativo descrito en este artículo, en particular las especialidades retiradas del mercado, las autorizaciones de comercialización y el régimen de la cascada, es el francés. Las moléculas, las posologías y los principios terapéuticos siguen siendo válidos en todas partes, pero la disponibilidad comercial de cada especialidad debe comprobarse en el propio mercado nacional.

Dermatofitosis en el hombre

Dermatofitosis en el hombre

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1 Evolución desde los protocolos de referencia

1.1 ¿Por qué se trata una enfermedad que cura sola?

La dermatofitosis no compromete el pronóstico vital y cura sin intervención. Si se trata, es para acortar la evolución y limitar la transmisión (Moriello, 2019a).

Cinco perros de 6 a 18 meses con dermatofitosis generalizada recibieron una sustancia inerte administrada por vía oral una vez al día con la comida. Los signos desaparecieron en 3 de ellos tras 4 a 8 semanas. Los otros 2, sin mejoría, curaron tras 6 semanas de ketoconazol (Medleau et al., 1992). En el gato, la enfermedad se describe como espontáneamente resolutiva en un gran número de casos, con la pérdida de pelo y la descamación como únicas manifestaciones; las formas multifocales o generalizadas se observan sobre todo en el gatito y en el animal inmunodeprimido (Frymus et al., 2013).

Las tasas de curación de los grupos control no son, por tanto, artefactos. Los 6 gatos de 40 curados con placebo en el ensayo pivotal del itraconazol ilustran esta evolución natural. Contra ella se mide el efecto de un tratamiento. Además, puesto que el animal curaría de todos modos, el objetivo terapéutico es acortar el periodo contagioso y sanear el entorno.

1.2 Las recomendaciones consensuadas de 2017 y lo que fijaron

La referencia de la disciplina sigue siendo el documento de consenso clínico de la World Association for Veterinary Dermatology, publicado en 2017 (Moriello et al., 2017).

Ninguna prueba diagnóstica se reconoce en él como método de referencia. La lámpara de Wood y el examen directo de los pelos tienen allí un buen valor predictivo, tanto positivo como negativo.

Sobre el tratamiento, la curación exige el empleo simultáneo de un antifúngico sistémico por vía oral y de un antifúngico tópico sobre el pelaje. Dado que el animal porta esporas infectantes en pelos que no son todos lesionales, ninguna de las dos vías basta por sí sola. Los antifúngicos sistémicos se describen además como dotados de un amplio margen de seguridad, y la limpieza física junto con la aplicación de un antifúngico en el entorno como imperativas en la descontaminación de los locales. Finalmente, los autores recuerdan que las complicaciones serias de la transmisión al hombre son excepcionales.

1.3 Especialidades retiradas del mercado francés y consecuencias prácticas

Varios de los productos citados por las antiguas recomendaciones internacionales ya no se adquieren, en particular en Francia.

En primer lugar, la griseofulvina. La especialidad veterinaria en comprimidos a base de griseofulvina, FULVIDERM ND (Laboratorio Virbac), conserva una autorización de comercialización válida en el registro europeo de medicamentos veterinarios, pero ya no puede pedirse. Solo subsiste una presentación en polvo oral, DERMOGINE ND (Laboratorio Dopharma France), con 100 mg de griseofulvina por gramo, autorizada en el perro, el gato y el équido bajo la autorización FR/V/8551428 de duración ilimitada (ANSES-ANMV, 2026). En medicina humana, el laboratorio Sanofi anunció el 19 de julio de 2021 el cese de comercialización de las especialidades GRISEFULINE ND de 250 y 500 mg, por dificultades de fabricación no resueltas (ANSM, 2021).

Después viene la descontaminación de los locales. El generador de humo a base de enilconazol, CLINAFARM ND (Laboratorio Elanco France), durante mucho tiempo la herramienta de referencia en colectividad, ya no se comercializa en Francia. Este producto tiene el estatus de biocida y no de medicamento veterinario, por lo que no figura en el registro nacional de medicamentos veterinarios. Su desaparición deja un vacío que nada estrictamente equivalente colma, y deja obsoleta una parte de los protocolos de criadero escritos antes de ella.

A estas dos retiradas se suma una restricción duradera: el sulfuro de cal, pilar de toda la literatura norteamericana sobre el tratamiento tópico, no corresponde a ningún medicamento veterinario autorizado en la Unión Europea. En los Estados Unidos, las preparaciones comercializadas llevan la mención de que la agencia federal no ha establecido su seguridad ni su eficacia y no ha aprobado su etiquetado. La molécula está allí registrada ante la agencia de protección del medio ambiente, para usos agrícolas y para la aplicación tópica contra los ácaros del ganado. El veterinario francés lee, pues, recomendaciones construidas sobre un producto que le resulta inaccesible y que la autoridad del país que lo emplea nunca ha evaluado. Por el contrario, el enilconazol sigue disponible en Francia en forma de solución para diluir para emulsión para pulverización cutánea a 100 mg/ml, IMAVERAL ND (Laboratorio Audevard). Este producto goza de una autorización ilimitada concedida en 1982 y no está sujeto a prescripción. Su indicación cubre las dermatofitosis por Microsporum canis, Microsporum gypseum, Trichophyton verrucosum, Trichophyton mentagrophytes y Trichophyton equinum, en el perro, el gato, los bovinos y los équidos (ANSES-ANMV, 2026). La molécula no se comercializa en los Estados Unidos (VCA, 2026), lo que explica el lugar marginal que ocupa en las publicaciones americanas; sigue en cambio autorizada en otros Estados miembros, con denominaciones distintas. Es esta especialidad la que puede aplicarse en el entorno a una concentración 5 veces más elevada que la aplicada sobre los animales.

Dermatofitosis extensa en un perro

Dermatofitosis extensa en un perro

1.4 La aparición de dermatofitos resistentes a las alilaminas

El hecho nuevo más destacado desde 2013 no concierne a una molécula sino a un hongo. Trichophyton indotineae, descrito primero como genotipo VIII del complejo Trichophyton mentagrophytes, emergió del subcontinente indio y se ha diseminado a escala internacional (Ahmad, 2026).

Mutaciones puntuales del gen de la escualeno epoxidasa modifican la diana de la terbinafina. Se han identificado tres sustituciones: Leu393Phe, Phe397Leu y Ala448Thr. Estas mutaciones confieren concentraciones mínimas inhibitorias elevadas frente a la terbinafina y se han detectado en aislados tanto humanos como animales, lo que indica la circulación de clones resistentes estables y transmisibles (Ahmad, 2026).

La secuenciación del genoma completo de 13 aislados indios, 9 de origen humano y 4 de origen canino, mostró escasas diferencias de polimorfismos entre ambos orígenes, lo que aboga por una transmisión zoonótica y una difusión rápida a grandes distancias (Thakur et al., 2025). Sin embargo, dos cepas caninas del norte de la India caracterizadas por separado resultaron sensibles a la terbinafina, sin sustitución en las posiciones 393 ni 397 (Thomas et al., 2025). La resistencia no acompaña, pues, a la especie, acompaña a ciertos clones.

En Europa, dos aislados de T. mentagrophytes procedentes de erizos polacos portaban la sustitución Leu393Phe, con una concentración mínima inhibitoria de 2 µg/ml para la terbinafina (Gnat et al., 2021).

Microsporum canis, agente de la casi totalidad de los casos caninos y felinos, también resiste, pero por otra vía. La primera cepa resistente a la terbinafina aislada en un gato se notificó en 2018: un exotic shorthair de dos años que presentaba alopecia y descamación discreta del tronco, cuya cepa mostraba una concentración mínima inhibitoria superior a 32 µg/ml para la terbinafina y de 0,023 µg/ml para el itraconazol. El animal curó con itraconazol sistémico (Hsiao et al., 2018). El mecanismo implicado no es una mutación de la escualeno epoxidasa sino una sobreexpresión de transportadores ABC: en una cepa resistente, la expresión de los genes PDR1, MDR1, MDR2 y MDR4 era de dos a cuatro veces superior a la de las cepas sensibles, y la adición del bloqueante del eflujo FK506 rebajaba la concentración mínima inhibitoria de más de 32 a 8 µg/ml (Kano et al., 2018). Una resistencia por eflujo no respeta, pues, necesariamente a los azoles, al contrario que una mutación de la diana de la terbinafina.

No obstante, su frecuencia sigue siendo baja. Sobre 348 aislados de M. canis de China continental estudiados a lo largo de 27 años según el método M38-A3 del Clinical and Laboratory Standards Institute, en una serie humana que incluía en particular 54 casos de tiña del cuero cabelludo del niño, dos cepas resultaron resistentes a la griseofulvina con una concentración mínima inhibitoria de 64 µg/ml, una al fluconazol al mismo valor y dos a la terbinafina a 16 µg/ml. La gran mayoría de las cepas conservaba concentraciones mínimas inhibitorias bajas para las 11 moléculas ensayadas, y el análisis de su distribución no reveló ningún perfil de resistencia neto (Liang et al., 2025). En Asia Central, sobre aislados clínicos humanos, la totalidad de las 57 cepas de M. canis ensayadas según el método EUCAST seguía siendo sensible a la terbinafina, mientras que 4 de las 33 cepas de Trichophyton eran resistentes (Aimoldina et al., 2026). Estas dos series no se comparan término a término: los valores de concentración mínima inhibitoria producidos por el método americano y por el europeo no son superponibles, y de un estudio a otro solo se lee el orden de magnitud de la frecuencia de resistencia.

La resistencia de M. canis existe, pues, pero es rara, y por un mecanismo distinto del de T. indotineae. Por otra parte, ninguna serie clínica relaciona hasta la fecha las mutaciones de la escualeno epoxidasa con fracasos terapéuticos en el perro o el gato en Europa. La consecuencia inmediata es, por tanto, diagnóstica antes que terapéutica: afecta a la identificación de especie en caso de fracaso, no a la elección de primera intención. Es tanto más exigente cuanto que la identificación por cultivo no distingue T. indotineae de los demás Trichophyton: hace falta la secuenciación de la región ITS completada por la del gen HMG, que codifica un factor de transcripción con caja HMG cuya secuencia separa las especies que la sola región ITS no distingue, una espectrometría de masas con biblioteca actualizada, o la secuenciación del gen de la escualeno epoxidasa (Ahmad, 2026).

2 Farmacología de los antifúngicos utilizables

2.1 Azoles: mecanismo, espectro y actividad en la queratina

Los azoles inhiben la 14-alfa-desmetilasa, enzima del citocromo P450 fúngico que convierte el lanosterol en ergosterol. La membrana fúngica queda entonces privada de su esterol constitutivo y enriquecida en precursores metilados. Su permeabilidad se altera, el crecimiento del hongo se detiene. El efecto es fungistático a las concentraciones obtenidas en clínica.

Sin embargo, esta inhibición no es perfectamente selectiva, y de ahí provienen los efectos adversos de la clase. En efecto, las mismas enzimas del citocromo P450 intervienen en la esteroidogénesis de los mamíferos y en el metabolismo hepático de numerosos medicamentos, de donde las alteraciones hormonales y las interacciones medicamentosas observadas, sobre todo con el ketoconazol.

El itraconazol se acumula en el pelo y en la piel, donde persiste a concentraciones superiores al umbral terapéutico durante las semanas de interrupción del tratamiento, y más allá de la última administración. Es esta remanencia tisular, y solo ella, la que autoriza el esquema por semanas alternas.

2.2 Alilaminas: fungicidia y remanencia

La terbinafina actúa aguas arriba en la misma cadena. Inhibe la escualeno epoxidasa, enzima fúngica que transforma el escualeno en epóxido de escualeno. Dos consecuencias se suman: el ergosterol deja de producirse y el escualeno se acumula en la célula fúngica hasta un nivel tóxico. Esta acumulación mata el hongo en lugar de limitarse a impedir su crecimiento. La terbinafina es, pues, fungicida sobre los dermatofitos, allí donde los azoles son fungistáticos.

Es esta misma enzima la que modifican las mutaciones descritas más arriba, lo que explica que una resistencia adquirida por mutación de la diana afecte a la terbinafina y respete a los azoles. Esta reserva no vale para las resistencias por eflujo, que exportan indistintamente varias clases de moléculas y no respetan, por tanto, necesariamente a los azoles.

2.3 Griseofulvina: lugar residual y limitaciones

La griseofulvina es un antibiótico fungistático producido por Penicillium griseofulvum. Se fija a los microtúbulos intracelulares del dermatofito y bloquea su polimerización, lo que detiene la mitosis en metafase. Alcanza las células que sintetizan los precursores de la queratina y se asocia a esta en los faneros. Su metabolismo es esencialmente hepático y su eliminación principalmente urinaria. Su espectro se limita a los dermatofitos, principalmente Microsporum spp. y Trichophyton spp. (ANSES-ANMV, 2026).

Su absorción digestiva es mediocre y depende de los lípidos de la comida, lo que obliga a administrarla con un alimento graso. Sus limitaciones de seguridad, desarrolladas más adelante, la han relegado por detrás de los azoles allí donde estos están disponibles.

3 Tratamiento sistémico

3.1 Itraconazol

El itraconazol es hoy la molécula de primera intención en el gato. Las recomendaciones felinas europeas ya le daban ese lugar (Frymus et al., 2013), y los datos posteriores lo han mantenido.

La solución oral a 10 mg/ml destinada al gato, ITRAFUNGOL ND (Laboratorio Virbac), está autorizada en Francia bajo la autorización FR/V/7569820 concedida el 9 de agosto de 2004, de duración ilimitada, en el tratamiento de las dermatofitosis debidas a Microsporum canis en el gato. Se administra a la dosis de 5 mg/kg una vez al día, es decir 0,5 ml/kg, una semana de cada dos, durante tres ciclos: administración las semanas 1, 3 y 5, interrupción las semanas 2 y 4 (ANSES-ANMV, 2026).

El producto no se administra al gato con insuficiencia hepática o renal, ni a la hembra gestante o lactante. En el gato se han observado dos interacciones: la asociación con cefovecina provocó vómitos y trastornos hepáticos y renales, la del ácido tolfenámico una incoordinación motora, una retención fecal y una deshidratación. A ello se añaden las interacciones ligadas al citocromo P450 3A4 y a las glucoproteínas P, descritas en medicina humana, que aumentan las concentraciones plasmáticas de midazolam, ciclosporina, digoxina, cloranfenicol, ivermectina y metilprednisolona (ANSES-ANMV, 2026).

La ficha técnica precisa que los gatos tratados con itraconazol pueden seguir contaminando a otros animales, perros incluidos, mientras no se obtenga la curación micológica. El ensayo pivotal incluyó 80 gatos infectados por M. canis, repartidos entre la solución de itraconazol y un placebo, sin ningún tratamiento tópico asociado. La curación con la lámpara de Wood, definida por la ausencia de fluorescencia en la base y en la mitad del tallo piloso, se obtuvo en 39 de los 40 gatos tratados frente a 6 de los 40 controles, y el plazo de curación micológica fue significativamente más corto en el grupo tratado. En los dos gatos con fracaso, las concentraciones mínimas inhibitorias del itraconazol permanecían en la zona de sensibilidad, lo que descarta la resistencia como explicación.

La revisión de los estudios publicados sitúa los plazos esperados: el itraconazol a 10 mg/kg una vez al día, o según el esquema combinado continuo y luego pulsado, curó a los animales infectados en 56 a 70 días, mientras que los protocolos a dosis baja de 1,5 a 3 mg/kg por ciclos de 15 días exigieron de uno a tres ciclos, es decir 15 a 45 días (Moriello, 2004).

Los datos anteriores en condiciones naturales ya habían establecido la eficacia de la molécula, a dosis más bajas y con peor tolerancia. Sobre 15 gatos con dermatofitosis por M. canis, tratados con itraconazol oral de 1,5 a 3 mg/kg una vez al día durante 15 días, 8 curaron completamente, 6 de ellos tras un solo ciclo. Cinco gatos vomitaron o se volvieron anoréxicos a las dosis más altas, lo que obligó a reducir progresivamente la posología. Seis de los 15 animales habían fracasado antes con griseofulvina a 10 mg/kg durante 60 días (Mancianti et al., 1998).

El esquema combinado continuo y luego pulsado se evaluó en 9 gatos: itraconazol a 10 mg/kg una vez al día durante 28 días, luego una semana de cada dos a la misma dosis, con suspensión tras dos cultivos negativos consecutivos. Ocho gatos de 9 curaron a los 56 días (Colombo et al., 2001). El efectivo es reducido y los propios autores presentan estos resultados como preliminares, a la espera de un estudio controlado que no llegó.

Los efectos adversos notificados tras la comercialización, por orden decreciente de frecuencia de notificación, son la anorexia, los vómitos, la elevación de las enzimas hepáticas, la letargia, la pérdida de peso, la ictericia, la elevación de la bilirrubina total y la diarrea. Se han notificado muertes, eutanasias incluidas. La seguridad no está establecida en la gata gestante. Su empleo exige prudencia en caso de disfunción renal o de daño hepático.

La autorización no cubre al perro, en el que ningún ensayo controlado ha evaluado el itraconazol solo. Un estudio retrospectivo sobre 64 perros infectados por el complejo Trichophyton mentagrophytes en el centro de los Estados Unidos, en el periodo 1997-2020, concluye que ketoconazol, itraconazol y terbinafina aparecen como equivalentes como opciones sistémicas en esta indicación (Pieper et al., 2023). El nivel de prueba es el de una serie retrospectiva, pero es el dato canino más completo disponible.

Tratamiento de las dermatofitosis del perro y del gato en 2026: moléculas disponibles y protocolos actualizados

En el perro existen pocos tratamientos sistémicos con autorización de comercialización

La agencia americana ha señalado variaciones importantes de absorción entre las fórmulas magistrales de itraconazol según las farmacias que las elaboran, y recomienda prescribir la especialidad veterinaria en lugar de una fórmula magistral.

3.2 Terbinafina

La terbinafina no posee autorización de comercialización veterinaria y se prescribe, por tanto, en Francia, bajo el régimen de la cascada, previsto en el artículo L.5143-4 del código de la salud pública.

La cascada solo se abre si ningún medicamento autorizado conviene para la especie y la indicación consideradas. Ahora bien, el ketoconazol está autorizado en el perro y la griseofulvina tanto en el perro como en el gato, ambos en el tratamiento de las dermatofitosis: la justificación del recurso a la terbinafina no puede, pues, ser la ausencia de alternativa autorizada. El mismo razonamiento vale para el itraconazol en el perro, autorizado solo en el gato. El lugar de la terbinafina se ha afirmado, sin embargo, por dos razones: su fungicidia y su disponibilidad allí donde el itraconazol resulta caro o falta.

El dato más sólido procede de un trabajo realizado en refugio sobre 85 gatos con dermatofitosis espontánea por M. canis, seguidos mediante cultivo semanal por cepillado con recuento de las unidades formadoras de colonias. La técnica del cepillado consiste en peinar metódicamente todo el pelaje con un cepillo de dientes nuevo estéril y luego sembrar el propio cepillo en el medio de cultivo: recoge los pelos infectados de todo el cuerpo, incluso fuera de las lesiones visibles, lo que la hace superior a la toma lesional tanto para el cribado como para el seguimiento. El recuento de las colonias en la placa la convierte en un examen semicuantitativo: una disminución del número de unidades formadoras de colonias acompaña a la respuesta al tratamiento, mientras que un número estable o creciente señala una mala respuesta. Los animales recibieron terbinafina por vía oral durante 14 días en 21 de ellos, o 21 días en los otros 64, en ambos casos con baños de sulfuro de cal dos veces por semana y una desinfección diaria de los locales con hipoclorito de sodio al 5,5 % diluido al décimo. La posología se fijó por tramos de peso, para comodidad del fraccionamiento del comprimido de 250 mg: un cuarto de comprimido, es decir 62,5 mg, para los gatos de menos de 2,8 kg; medio comprimido, es decir 125 mg, de 2,8 a 5,5 kg; un comprimido entero de 250 mg por encima de 5,5 kg, en una administración diaria con la comida de la mañana. El sulfuro de cal se aplicó a razón de 236 ml por 3,8 litros de agua, con pulverizador, sin collar isabelino para impedir el lamido. Los gatos tratados 14 días respondieron primero, el número de animales con cultivo positivo cayó de 21 a 6 en dos semanas, luego recayeron, 15 de los 21 volvieron a ser positivos en la 6.ª semana, y necesitaron un rescate con itraconazol a 10 mg/kg una vez al día durante 21 días. Los gatos tratados 21 días respondieron como bajo itraconazol administrado 21 días, con un plazo medio y mediano de curación micológica de 22,7 días, para valores individuales comprendidos entre 13 y 39 días. La curación micológica se definía allí por dos cultivos semanales negativos consecutivos. La tolerancia fue buena, y ningún gato desarrolló lesión bucal tras el acicalado del producto tópico (Moriello et al., 2013a).

Una serie más antigua en condiciones naturales había empleado una dosis elevada durante un tiempo corto: terbinafina oral a 30 mg/kg una vez al día durante dos semanas en 15 gatos infectados por M. canis, de los que 12 pudieron seguirse hasta el final. Once de estos 12 animales curaron completamente, con controles el último día de tratamiento, al mes y luego a los tres meses (Mancianti et al., 1999). La terbinafina se proponía allí como alternativa a la griseofulvina en caso de resistencia fúngica o de intolerancia idiosincrásica, con una curación más rápida y menos recaídas, propuesta que la retirada de la griseofulvina hace hoy de actualidad.

Los datos caninos son más escasos pero concordantes. La serie retrospectiva de 64 perros ya citada sitúa la terbinafina al mismo nivel que el ketoconazol y el itraconazol (Pieper et al., 2023). Un trabajo comparativo sobre 35 animales, perros y gatos conjuntamente, enfrentó griseofulvina y terbinafina según tres protocolos: la griseofulvina a 50 mg/kg una vez al día fue eficaz en el 100 % de los casos, sin efecto adverso, con un plazo medio de curación de 41 días; la terbinafina a 5 mg/kg una vez al día fue eficaz en el 81,3 % de los casos, sin efecto adverso, con un plazo medio de 21 días; a 20 mg/kg, la eficacia era comparable pero el plazo se alargaba a 33 días y aparecieron efectos adversos en el 16,6 % de los animales, vómitos, diarrea, elevación de las transaminasas y de las fosfatasas alcalinas (Balda et al., 2007). Los autores concluyen que la terbinafina constituye una buena alternativa terapéutica, pero que la griseofulvina sigue siendo a su juicio el medicamento de primera intención en el perro y el gato, posición que hay que referir, aunque la disponibilidad francesa la haya vuelto desde entonces difícil de seguir.

Estas dos series no se contradicen: la primera se refiere a animales de refugio, la segunda a gatos de propietario, y la presión de reinfección no es la misma. No obstante, el dato que gobierna la prescripción es el de Moriello: 14 días no bastan.

Dos estudios experimentales anteriores ya habían acotado la dosis. Realizados en 27 gatos infectados experimentalmente por M. canis, mostraron que 10 a 20 mg/kg no bastaban y que eran necesarios 30 a 40 mg/kg (Kotnik et al., 2001; Kotnik y Černe, 2006). Estos animales fueron inoculados en laboratorio, lo que pesa menos que una serie en condiciones naturales, pero el umbral que arrojan concuerda con el de la revisión.

La revisión de los estudios publicados aporta la amplitud de las dosis y de los plazos realmente empleados, perros y gatos conjuntamente: se han utilizado dosis de terbinafina de 5 a 40 mg/kg, siendo necesarias dosis superiores a 20 mg/kg para obtener una curación micológica, y el número de días de tratamiento hasta la curación se escalonó de 21 a más de 126 días (Moriello, 2004). Esta dispersión impide anunciar una duración al propietario y obliga a seguir los cultivos.

Ciento sesenta y cinco erizos europeos con dermatofitosis espontánea por Trichophyton erinacei se repartieron entre itraconazol y terbinafina por vía oral durante 28 días. Las tasas de curación micológica fueron del 36,6 % a los 14 días y del 65,9 % a los 28 días con itraconazol, frente al 92,8 % y al 98,8 % con terbinafina (Bexton et al., 2016). El efectivo es importante y el estudio aleatorizado, pero la especie y el agente difieren de los nuestros: el resultado sugiere una superioridad de la terbinafina en las dermatofitosis por Trichophyton, no se traslada tal cual a las infecciones felinas por M. canis.

3.3 Ketoconazol

El ketoconazol es, en Francia, el único azol que dispone de una autorización de comercialización veterinaria en esta indicación en el perro. La griseofulvina posee una también, pero pertenece a otra clase. Dos especialidades en comprimidos de 200 mg están autorizadas: KETOFUNGOL ND (Laboratorio Elanco, autorización FR/V/0086228 concedida en 1983) y FUNGICONAZOL ND (Laboratorio Dechra). La indicación menciona nominalmente las infecciones debidas a Microsporum canis, Microsporum gypseum y Trichophyton mentagrophytes, en el perro. La posología es de 10 mg de ketoconazol por kg de peso corporal y día, es decir un comprimido de 200 mg por cada 20 kg, durante tres o cuatro semanas, a administrar preferentemente con la comida a fin de obtener una absorción máxima (ANSES-ANMV, 2026).

La molécula no se utiliza en el animal con insuficiencia hepática. Su inocuidad no se ha establecido en caso de gestación o lactancia, y los estudios en el animal de laboratorio han puesto de manifiesto efectos teratógenos y embriotóxicos: su empleo no se recomienda, pues, durante la gestación. No se administra simultáneamente con antiácidos o antihistamínicos, que modifican su absorción, ni con anticoagulantes. La ficha técnica señala además que el uso repetido del ketoconazol puede inducir, aunque raramente, una resistencia cruzada a los demás azoles.

Estas limitaciones, unidas a una tolerancia peor que la del itraconazol, explican que el ketoconazol haya perdido su lugar de primera intención aun siendo, en el perro, el único azol autorizado.

3.4 Griseofulvina

La griseofulvina se administra en el perro y en el gato a la dosis de 20 mg por kg de peso corporal y día, es decir un gramo de polvo oral por cada 5 kg mezclado con la ración, durante tres o cuatro semanas seguidas (ANSES-ANMV, 2026).

Se prescribe ante todo en función de sus limitaciones de seguridad. En efecto, la molécula es teratógena. No se administra, pues, a la hembra gestante ni a los animales de menos de 12 semanas. No se da a un animal con un trastorno hepático. Exige una prudencia particular en el gato infectado por el virus de la inmunodeficiencia felina, por el riesgo de neutropenia iatrogénica. En caso de sobredosis se observa una toxicidad hepática, y se han descrito raros casos de neurotoxicidad en el gato. La persona que administra el producto no debe estar embarazada, y quien presente una hipersensibilidad a la griseofulvina debe evitar todo contacto con el medicamento.

La griseofulvina a 50 mg/kg curó a los animales infectados en 41 a 70 días (Moriello, 2004). Esta posología supera la de la autorización francesa, fijada en 20 mg/kg, lo que debe señalarse al prescriptor. La diferencia cuenta, porque la infradosificación es la primera causa de recaída.

La ficha técnica recomienda, finalmente, desinfectar simultáneamente los locales.

3.5 Tolerancia comparada y seguimiento biológico

El seguimiento biológico se ajusta al animal tratado tanto como a la molécula. El hemograma y el recuento plaquetario se recomiendan vivamente en todos los gatos bajo griseofulvina, y en particular en el persa, el abisinio y el siamés (Miller et al., 2013). Dado el perfil de los efectos adversos notificados con itraconazol, elevación de las enzimas hepáticas, ictericia, elevación de la bilirrubina, un control hepático se impone igualmente en cuanto el tratamiento se prolonga o el animal manifiesta anorexia o letargia.

La terbinafina se distingue por su tolerancia. En la serie de refugio fue bien tolerada por 85 animales (Moriello et al., 2013a). En un informe sobre dos gatos tratados de 12 a 14 semanas, solo se observó una letargia leve a moderada en uno de ellos, sin otro efecto adverso ni modificación de los parámetros sanguíneos (Nuttall et al., 2008). Se han señalado, no obstante, vómitos y prurito facial en el gato.

3.6 Síntesis de la prescripción sistémica

Los datos dispersos en los apartados anteriores se reúnen en la Tabla 1, que indica para cada molécula su estatus francés, la posología establecida, el ritmo, la duración esperada y la vigilancia que exige.

Tabla 1. Antifúngicos sistémicos de las dermatofitosis del perro y del gato: estatus en Francia, posologías y vigilancia

Molécula

Estatus en Francia

Especies

Posología

Ritmo y duración

Vigilancia

Itraconazol

Solución oral a 10 mg/ml, autorización veterinaria francesa en el gato (FR/V/7569820); fuera de autorización en el perro

Gato (autorización); perro (cascada)

5 mg/kg, es decir 0,5 ml/kg (autorización); 10 mg/kg (protocolos publicados); 1,5 a 3 mg/kg (protocolo a dosis baja)

Una semana de cada dos, 3 ciclos; o 28 días continuos y luego una semana de cada dos; o ciclos de 15 días, de 1 a 3 ciclos. Curación en 56 a 70 días, o 15 a 45 días a dosis baja

Enzimas hepáticas, bilirrubina; anorexia y vómitos frecuentes a dosis altas. Contraindicado en insuficiencia hepática o renal, gestación y lactancia. Interacciones: cefovecina, ácido tolfenámico, sustratos del CYP3A4

Terbinafina

Ninguna autorización veterinaria, prescripción por cascada

Gato y perro

62,5 mg por debajo de 2,8 kg; 125 mg de 2,8 a 5,5 kg; 250 mg por encima. Dosis publicadas de 5 a 40 mg/kg, por encima de 20 mg/kg para la curación micológica

Una vez al día con la comida, 21 días como mínimo, 14 días exponen a la recaída. Curación en 21 a más de 126 días

Buena tolerancia; vómitos y prurito facial en el gato; vómitos, diarrea y elevación de las transaminasas y de las fosfatasas alcalinas en el 16,6 % de los animales a 20 mg/kg

Ketoconazol

Comprimidos de 200 mg, autorización veterinaria

Perro

10 mg/kg

Una vez al día con la comida, 3 a 4 semanas por ciclo

Función hepática; contraindicado en insuficiencia hepática y gestación; no asociar a antiácidos, antihistamínicos ni anticoagulantes

Griseofulvina

Polvo oral a 100 mg/g, autorización veterinaria; única presentación todavía accesible

Perro, gato, équido

20 mg/kg (autorización); 50 mg/kg en los estudios publicados

Una vez al día en una comida grasa, 3 a 4 semanas por ciclo. Curación en 41 a 70 días

Hemograma y plaquetas, en particular en el persa, el abisinio y el siamés; teratógena; prudencia en el gato FIV positivo

La duración indicada en la tabla es la de un ciclo o el orden de magnitud observado, nunca una duración de tratamiento: esta se ajusta a los cultivos, según el criterio expuesto en 7.2.

3.7 Lufenurón: una vía abandonada

El lufenurón, inhibidor de la síntesis de la quitina, suscitó una esperanza que los datos no han confirmado. Se ha notificado de manera anecdótica una eficacia en el conejo a la dosis de 135 mg/kg por vía oral cada cuatro semanas, pero los estudios realizados en otras especies no han logrado demostrarla (Miller et al., 2013). Ningún protocolo fundado en los datos actuales lo emplea, y no tiene lugar en el tratamiento de las dermatofitosis del perro y del gato.

4 Tratamiento tópico

4.1 Por qué el tópico no es facultativo

La dermatofitosis es una infección del pelo y no solo de la superficie cutánea. Los pelos infectados no son todos lesionales, de modo que un pelaje de apariencia sana porta artrosporas. Estas esporas se desprenden, contaminan el entorno y reinfectan al animal y a quienes lo rodean. Tratar la lesión visible deja, pues, intacta la fuente de la diseminación.

Las recomendaciones consensuadas exigen el empleo simultáneo de un antifúngico sistémico oral y de la desinfección tópica del pelaje (Moriello et al., 2017). Un tratamiento tópico aplicado solo a la lesión no es, por tanto, un tratamiento de la dermatofitosis: el tópico focal se añade al tratamiento corporal. La propia literatura clasifica los productos de aplicación focal bajo el término de coadyuvantes (Moriello, 2020).

Del mismo modo, el prospecto de la especialidad de itraconazol destinada al gato recuerda que la molécula no es esporicida, y recomienda por esa razón un tratamiento del pelaje y del entorno a fin de reducir el potencial zoonótico y la contaminación ambiental.

Sin embargo, el ensayo pivotal del itraconazol obtuvo la curación de 39 gatos de 40 sin ningún tratamiento tópico, y las series de Mancianti son igualmente monoterapias sistémicas. La contradicción es solo aparente: un antifúngico sistémico solo basta para obtener la curación micológica del animal tratado, y es lo que estos ensayos establecen. No por ello vuelve el pelaje no contaminante durante el tratamiento, puesto que no es esporicida: las artrosporas ya presentes en los pelos siguen sembrando el entorno y a quienes rodean al animal. El tratamiento tópico no persigue, pues, la curación del individuo sino la detención de la diseminación, y es por ello que el consenso considera ambas vías indisociables. El atajo «sin tópico, no hay curación» es falso; la formulación exacta es que sin tópico el animal cura pero su entorno sigue expuesto, y el riesgo de reinfección desde un medio resembrado permanece entero.

4.2 Aplicación corporal: remanencia comparada de los principios activos

El trabajo que separa los productos de aplicación corporal es un estudio in vitro realizado sobre pelos tomados de gatitos naturalmente infectados, que midió tanto la actividad inmediata como la actividad remanente a 24, 48 y 72 horas de 14 productos (Moriello, 2020). Más allá del test clásico sobre suspensión de esporas aisladas, se trataron repetidamente cepillos de dientes cargados de pelos infectados enteros hasta obtener cultivos negativos.

Se evaluaron tres productos para la aplicación a todo el cuerpo. El sulfuro de cal y el enilconazol mostraron una actividad remanente; el champú que asocia nitrato de miconazol al 2 % y clorhexidina al 2 % no mostró ninguna, lo que los autores esperaban de un producto aclarado. La remanencia medida era comparable a 24, 48 y 72 horas para cada uno de los productos que la poseían. Los autores extraen de ello la recomendación de una aplicación bisemanal del enilconazol y del sulfuro de cal.

Un ensayo aleatorizado de no inferioridad realizado en 76 gatos de refugio ha comparado desde entonces tres productos de aplicación corporal, sulfuro de cal, champú que asocia miconazol y clorhexidina, y peróxido de hidrógeno, y concluye la superioridad del sulfuro de cal (DeTar et al., 2025). Es el nivel de prueba más elevado disponible sobre el tratamiento tópico del pelaje, y señala precisamente el producto que no es accesible en Europa.

El sulfuro de cal no corresponde a ningún medicamento veterinario autorizado en la Unión Europea: es inaccesible aquí mientras estructura toda la literatura norteamericana, donde se emplea a razón de 8 onzas por galón, es decir una dilución al dieciseisavo, unos 60 ml por litro (Miller et al., 2013; Moriello, 2004). El enilconazol está disponible en Francia y se emplea tras dilución de un volumen de solución concentrada en cincuenta volúmenes de agua tibia, es decir una concentración final de 2 mg/ml. El prospecto precisa que la primera aplicación se hace sobre todo el cuerpo, a fin de alcanzar las lesiones subclínicas (ANSES-ANMV, 2026). El veterinario francés dispone, pues, de los dos productos remanentes validados, solo del enilconazol.

La revisión de los estudios publicados ya había señalado los mismos tres productos como constantemente antifúngicos sobre pelos infectados aislados y en los estudios controlados o de campo: el sulfuro de cal diluido al dieciseisavo, los enjuagues de enilconazol al 0,2 % y el champú que asocia miconazol al 2 % y clorhexidina al 2 %, aplicados una o dos veces por semana (Moriello, 2004). Revisión y mediciones de remanencia concuerdan, y fundamentan la aplicación bisemanal.

El champú con miconazol y clorhexidina conserva todo su lugar pese a su ausencia de remanencia: asegura una desinfección puntual del pelaje, no una protección prolongada. El ritmo recogido por la revisión de los estudios publicados es de una a dos aplicaciones por semana (Moriello, 2004); su frecuencia real se ajusta sobre todo a lo que el animal tolera en materia de baños. Un estudio comparativo reciente realizado en 16 gatos enfrentó un champú con aceite esencial de lima a la fórmula clásica que asocia miconazol y clorhexidina al 2 %, recibiendo además ambos grupos itraconazol a 5 mg/kg según un esquema pulsado de una semana de cada dos durante 56 días. No apareció ninguna diferencia entre los grupos a los 56 días en los exámenes citológicos, el examen directo de los pelos y la lámpara de Wood, y ambos redujeron significativamente la puntuación lesional total, que agrega la extensión y la gravedad de las lesiones, y la puntuación fúngica, que cuantifica la abundancia de los elementos fúngicos observados, ya desde el día 28 (Chuenngam y Chermprapai, 2026). El efectivo es reducido y ambos grupos recibían un tratamiento sistémico, lo que impide atribuir al tópico solo el resultado obtenido.

4.3 La cuestión del rasurado

El rasurado sigue siendo discutido, y hay que distinguir dos situaciones que a menudo se confunden.

En el animal de compañía de pelo corto y con lesiones poco extensas, ningún dato lo impone. En el gato de pelo largo y en colectividad, forma parte de los protocolos establecidos: la recomendación clásica se refiere al rasurado de la totalidad del pelaje de todos los gatos con cultivo positivo y de todos los que presentan lesiones, bigotes incluidos, en un local fácil de descontaminar, con la persona que rasura vestida con protecciones desechables, los pelos infectados quemados o colocados en bolsas de residuos biológicos y autoclavados antes de su eliminación, repitiéndose la operación cada mes hasta la eliminación de la infección (Miller et al., 2013).

Se evita el rasurado quirúrgico al ras: sus microtraumatismos favorecen la extensión de las lesiones.

5 Descontaminación del entorno

5.1 Supervivencia de las artrosporas y lo que realmente contamina

Las artrosporas presentes en el entorno permanecen infectantes durante 12 a 24 meses. La contaminación alcanza niveles elevados en los hogares que albergan gatitos infectados: se han medido hasta 1 000 artrosporas por metro cuadrado en viviendas que alojaban gatos infectados por M. canis (Miller et al., 2013). Estas cifras proceden de una fuente única y antigua, no actualizada desde entonces.

En efecto, el entorno contaminado falsea los cultivos de control. Un animal curado que vive en locales no saneados dará cultivos positivos por simple porte pasivo de esporas en su pelaje, sin estar infectado. Es la primera razón para descontaminar, antes incluso que la prevención de la reinfección.

5.2 Limpieza mecánica

La literatura destinada al público repite que una vivienda no se descontamina. Es falso.

En total, 70 hogares de acogida que habían alojado gatos infectados por M. canis durante periodos variables se siguieron a lo largo de diez años. El procedimiento aplicado fue simple: retirada de los restos mecánicos de las estancias ocupadas por los gatos, limpieza de las superficies con detergentes domésticos comerciales, aclarado, luego desinfección de las superficies duras con lejía doméstica diluida al centésimo o con peróxido de hidrógeno acelerado, una formulación de peróxido de hidrógeno con tensioactivos y agentes quelantes que aumentan su actividad y su estabilidad, habitual en América del Norte en forma de desinfectantes de superficie listos para el uso. Treinta y ocho hogares quedaron completamente saneados tras una sola limpieza posterior a la salida o a la curación del gato. Entre los demás, la descontaminación se obtuvo tras una limpieza suplementaria en 28 casos, dos en 2 casos, tres en 1 caso. Un solo hogar no pudo sanearse, reconociendo la propia familia de acogida no haber seguido el procedimiento. No se observó ninguna transmisión a otros animales ni a personas (Moriello, 2019b).

La descontaminación de una vivienda no es difícil, y el desinfectante mata lo que la limpieza mecánica no ha retirado. Las recomendaciones consensuadas sitúan además la limpieza física en primer lugar entre los medios de descontaminación de los locales expuestos (Moriello et al., 2017).

5.3 Eficacia comparada de los desinfectantes en superficies duras y textiles

Ocho productos comerciales se evaluaron directamente contra esporas infectantes de Microsporum y de Trichophyton aisladas de pelos de gato, con un tiempo de contacto de 10 minutos y tres pruebas de dificultad creciente (Moriello et al., 2013b).

En el test clásico en suspensión, a la dilución al décimo, los 8 productos inhibieron totalmente el crecimiento. Sobre tejido contaminado, 4 productos de 8 inhibieron completamente el crecimiento de ambos agentes tras la aplicación de un mililitro o de una pulverización; pero los 8 productos lo lograron tras cinco mililitros o cinco pulverizaciones. La cantidad aplicada cuenta, pues, más que la molécula: la eliminación enérgica del material contaminado, seguida de una aplicación generosa de un desinfectante listo para el uso que reivindique una actividad fungicida contra Trichophyton mentagrophytes, constituye una alternativa válida al hipoclorito de sodio diluido.

La lejía diluida al décimo sigue siendo la referencia económica y disponible en todas partes, y figura en los protocolos clásicos de limpieza de superficies (Miller et al., 2013).

La declaración a buscar en la etiqueta es la de una actividad fungicida establecida contra Trichophyton mentagrophytes, especie que los ensayos normalizados adoptan como organismo de prueba para los dermatofitos.

El fumigante a base de enilconazol ocupaba un lugar aparte en los protocolos de colectividad franceses; su retirada del mercado deja al veterinario sin equivalente, y obliga a trasladar el esfuerzo a la limpieza mecánica y a la desinfección de las superficies.

5.4 Textiles, camas y material de peluquería

Los textiles concentran la dificultad, y sobre ellos fue más severa la prueba anterior. La cantidad de desinfectante aplicada determina allí el resultado, habiéndose revelado una pulverización única insuficiente para la mitad de los productos ensayados (Moriello et al., 2013b).

El material de peluquería asegura el transporte pasivo de las esporas de un animal a otro. Esquiladoras, cepillos y peines se limpian y desinfectan después de cada animal, y el local de esquilado se elige de modo que sea fácil de descontaminar (Miller et al., 2013).

5.5 Qué mensajes transmitir al propietario

El propietario debe retener tres mensajes.

El primero es tranquilizador y está documentado: las complicaciones serias de la transmisión del animal al hombre son excepcionales (Moriello et al., 2017), y el saneamiento de una vivienda es realizable, habiéndolo sido 38 de los 70 hogares seguidos con una sola limpieza (Moriello, 2019b). El propietario que ha leído que la tiña es imposible de eliminar de una casa debe oír lo contrario.

El segundo se refiere a la exposición. Las lesiones humanas de origen animal se localizan con mayor frecuencia en las zonas que tocan al animal, brazos, cuero cabelludo, tronco (Miller et al., 2013). Las personas más expuestas de un hogar son las que más manipulan al animal, y las formas graves se observan en sujetos con una enfermedad debilitante o inmunodepresora, así como en personas mayores (Miller et al., 2013). El uso de guantes durante las aplicaciones tópicas, el lavado de manos tras el contacto y la exclusión del lecho compartido constituyen lo esencial de la prevención. Hay que añadir que las fichas técnicas excluyen la manipulación de la griseofulvina por una mujer embarazada, y la aplicación del enilconazol sin protección ocular y de la ropa, ya que la emulsión concentrada es irritante para la piel y los ojos (ANSES-ANMV, 2026).

El tercer mensaje es el de la derivación: el veterinario no diagnostica ni trata al hombre, y ante una lesión sospechosa en una persona del hogar orienta hacia el médico de cabecera, recomendación que el prospecto de la especialidad de itraconazol formula por sí mismo. El contexto médico humano ha cambiado además en el mismo sentido que el contexto veterinario: el cese de comercialización de la griseofulvina llevó a las sociedades científicas francesas a revisar con urgencia el manejo de las dermatofitosis del cuero cabelludo del niño (ANSM, 2021).

6 Conducta en colectividad

6.1 Cribado y clasificación de los efectivos

En criadero felino y en hogar con varios gatos, Microsporum canis está implicado en la casi totalidad de las infecciones, particularmente en las razas de pelo largo. Microsporum gypseum y Trichophyton mentagrophytes solo fueron ocasionalmente responsables cuando los gatos se alojaban en galerías con tela metálica o en recorridos exteriores (Miller et al., 2013).

El cribado se basa en el cultivo por cepillado con cepillo de dientes o cuadrado de moqueta estéril, practicado en todos los gatos del criadero y en todos los animales del hogar. En los criaderos donde la infección por M. canis está presente desde hace más de 60 días, el dermatofito se aísla del cepillado de todos los gatos, presenten o no lesiones clínicas. Dicho de otro modo, pasado ese plazo, la distinción entre animales sanos y animales infectados pierde todo sentido y el tratamiento pasa a ser colectivo.

Los animales hallados indemnes, sin lesión y con cultivo negativo, se bañan con un champú que asocia miconazol y clorhexidina o ketoconazol y clorhexidina, cuando esté disponible, o enilconazol, y luego se ponen en cuarentena en un local separado. Hay que volver a controlarlos, porque pueden resultar infectados en el segundo cultivo (Miller et al., 2013).

6.2 Protocolo de tratamiento de masa

Se han descrito tres enfoques, y la elección entre ellos depende tanto de la economía del criadero como de la medicina (Miller et al., 2013).

El primero consiste en despoblar totalmente el criadero, descontaminar las instalaciones y luego repoblarlas con animales negativos en 3 cultivos por cepillado consecutivos realizados con 15 días de intervalo. La mayoría de los criadores lo rechaza por la pérdida de su patrimonio genético.

El segundo trata al conjunto de la colonia y de las instalaciones, con tópicos apropiados, tratamiento sistémico y saneamiento del entorno, con aislamiento de la colonia e interrupción de la reproducción y de las exposiciones. Es la opción más frecuentemente adoptada.

El tercero trata solo a los gatitos, y únicamente se concibe en estructuras que producen gatitos para el mercado familiar.

Sea cual sea la opción, la eliminación de la infección supone la separación de portadores y no portadores, el tratamiento o la retirada de los animales infectados, y medidas que impidan la recontaminación de los locales. Exige un tratamiento sistémico y tópico enérgico, la interrupción de los programas de reproducción y de las exposiciones, el aislamiento de la colonia, la descontaminación del entorno, y el cribado seguido del aislamiento de todo nuevo ingreso. Estos programas chocan con el coste de los cuidados, la pérdida de ingresos, el tiempo que exigen y el temor a un daño duradero a la reputación del criadero, obstáculo que los autores describen como el más difícil de levantar.

En la práctica, el rasurado de todos los animales positivos precede al tratamiento, los baños tópicos se aplican idealmente dos veces por semana, y el tratamiento sistémico se instaura en todas las hembras no gestantes y en los gatitos de más de 12 semanas.

6.3 Vigilancia y levantamiento de las medidas

La vigilancia sigue el mismo principio que en clínica, con una exigencia reforzada: se recomiendan tres cultivos negativos consecutivos en hogar con varios gatos y en criadero, allí donde dos bastan para un animal aislado (Miller et al., 2013).

El levantamiento de las medidas no se decide, pues, por el aspecto de los animales sino por la serie de cultivos, y supone que el entorno haya sido saneado, sin lo cual los controles seguirán siendo positivos por porte pasivo.

7 Criterios de suspensión y definición de la curación

7.1 Curación clínica y curación micológica

La mayoría de los fracasos aparentes proviene de la confusión entre ambas. Los cultivos fúngicos pueden permanecer positivos durante varias semanas después de la curación clínica (Miller et al., 2013). Suspender el tratamiento con la desaparición de las lesiones equivale, pues, a suspenderlo demasiado pronto.

El criterio de suspensión es micológico. El tratamiento se prosigue hasta la resolución completa de los signos clínicos y hasta que el hongo deje de aislarse en los cultivos del pelaje.

Establecer un diagnóstico y establecer una curación son dos operaciones distintas. Ninguna prueba prevalece sobre las demás para afirmar la enfermedad, donde lámpara de Wood, examen directo y cultivo se complementan; para afirmar la curación, solo vale el cultivo: solo él muestra que el pelo ya no porta hongo vivo.

7.2 Cultivos sucesivos: cuántos, con qué ritmo

El tratamiento se prosigue hasta obtener como mínimo dos cultivos fúngicos negativos consecutivos, realizados con una semana de intervalo mediante la técnica del cepillado, recomendándose tres cultivos consecutivos en hogar con varios gatos y en criadero. Esto exige habitualmente de 4 a 20 semanas de tratamiento (Miller et al., 2013).

Un estudio retrospectivo reciente aligera esta exigencia en el animal de compañía sano. Sobre 371 gatos tratados por una dermatofitosis por M. canis y seguidos mediante cultivo semanal, el primer cultivo negativo era indicativo de la curación en 335 de ellos, es decir el 90,3 %, con una concordancia muy buena entre el criterio de un cultivo y el de dos cultivos, coeficiente kappa de 0,903. Los 36 gatos en los que el primer cultivo negativo no marcaba la curación se repartían en dos grupos: 19 animales sanos cuya negativización precoz se debía a un error de muestreo, y 17 animales portadores de una afección concomitante, que tardaron más en curar, 11 semanas de media, de 8 a 28 semanas, sobreviniendo la curación solo tras la resolución del problema asociado (Stuntebeck et al., 2020). Los autores concluyen que en un gato por lo demás sano, cuyo propietario haya seguido bien las instrucciones de limpieza, de tratamiento tópico y de tratamiento sistémico, dos cultivos negativos consecutivos no son necesarios.

Este resultado no dispensa del segundo cultivo en el animal enfermo por otra causa, ni en colectividad; autoriza en cambio a prescindir de él en el gato de propietario en buen estado general, a condición de que la técnica de toma sea irreprochable, siendo la reserva principal de los autores el riesgo de falso negativo por muestreo insuficiente.

Sin embargo, las duraciones inscritas en las autorizaciones de comercialización son cerradas y breves, tres ciclos para la solución de itraconazol, tres a cuatro semanas para el ketoconazol como para la griseofulvina, mientras que el criterio de suspensión expuesto aquí exige de 4 a 20 semanas. El criterio micológico prima: la duración de autorización fija el esquema de un ciclo, no define el fin del tratamiento. El ensayo pivotal del itraconazol lo ilustra: los 2 gatos que no curaron al término de los 3 ciclos portaban cepas sensibles, y su fracaso exigía la continuación del tratamiento, no su suspensión. Cuando los ciclos previstos se agotan y el cultivo sigue siendo positivo, el tratamiento se prosigue, pues, más allá de la autorización, bajo el régimen de la cascada, tras haber revisado el cumplimiento, la dosis, el tratamiento tópico y el saneamiento del entorno.

Las uñas constituyen una excepción: su afectación exige un antifúngico sistémico, generalmente durante 6 a 12 meses, o la onicectomía (Miller et al., 2013).

7.3 PCR: rapidez real, falsos positivos frecuentes, inútil en el seguimiento de la curación

El estudio de campo más directo comparó un panel comercial de PCR en tiempo real con el cultivo en 132 gatos de refugio que presentaban lesiones cutáneas sospechosas o una exposición presumida. Veintiocho animales eran positivos en cultivo para M. canis y 104 negativos. La PCR identificó correctamente a todos los animales positivos en cultivo y a 92 de los 104 negativos, es decir 12 resultados falsamente positivos. La sensibilidad se situaba en el 100 % y la especificidad en el 88,5 % (Jacobson et al., 2018).

No obstante, en los 17 gatos en los que fue posible evaluar la curación micológica, 14 seguían siendo positivos en PCR en el momento del primer cultivo negativo, y 11 lo eran aún en el momento del segundo. Los autores concluyen que la PCR no es fiable para establecer la curación micológica.

En esta serie no se observó ningún falso negativo. Sin embargo, trabajos posteriores y más amplios los muestran. Una prueba comercial de PCR cuantitativa evaluada en 52 gatos de refugio identificó correctamente la curación micológica solo en 39 de los 46 animales tratados para la prueba Microsporum canis, es decir el 84,8 %, y en 30 de 46 para la prueba Microsporum spp., es decir el 65,2 % (Moriello et al., 2018). Un análisis retrospectivo sobre 615 perros y gatos seguidos en 16 centros de referencia, y sobre 667 muestras apareadas, da una sensibilidad global del 74,1 % para una especificidad del 98,1 %; para el solo seguimiento del tratamiento, la sensibilidad se sitúa en el 77,8 % y la especificidad en el 92,0 % (Frost et al., 2022). Una serie de 246 animales de refugio arroja valores próximos, con una sensibilidad del 86,1 % (Cheung et al., 2024).

La PCR es en efecto muy específica y poco sensible: un resultado positivo indica la presencia de ADN fúngico, un resultado negativo no excluye la infección. No sustituye al cultivo, ni para establecer el diagnóstico ni para establecer la curación, y su empleo aislado para descartar una sospecha expone a dejar pasar a uno de cada cuatro animales infectados. Tanto el diagnóstico como la curación se apoyan en la combinación de exámenes complementarios (Frost et al., 2022). Su ventaja propia sigue siendo la rapidez, de uno a tres días, y la frecuencia de sus falsos positivos expone además a tratar animales indemnes.

En Francia, la técnica la ofrecen laboratorios de biología veterinaria, que anuncian una respuesta en 48 horas.

7.4 Lámpara de Wood en el seguimiento

Por otra parte, las recomendaciones consensuadas han rehabilitado la lámpara de Wood: junto con el examen directo de los pelos, tiene un buen valor predictivo, tanto positivo como negativo (Moriello et al., 2017).

Su empleo en el seguimiento se apoya en un criterio preciso, el adoptado por el estudio pivotal del itraconazol en el gato: la curación con la lámpara de Wood se define por la ausencia de fluorescencia en la base y en la mitad del tallo piloso. Según este criterio, 39 de los 40 gatos tratados curaron, frente a 6 de los 40 controles.

La reserva atañe al agente: solo una parte de las cepas de M. canis produce fluorescencia, y los dermatofitos del género Trichophyton no la producen. La lámpara orienta, pues, no concluye, y no dispensa del cultivo para establecer la curación.

8 Fracasos terapéuticos y situaciones particulares

8.1 Análisis de un fracaso

Ante una dermatofitosis que se prolonga o recidiva, la resistencia es la última hipótesis a considerar, no la primera. Los casos crónicos y recidivantes se explican habitualmente por cuatro órdenes de causas (Miller et al., 2013).

El primero es el tratamiento inapropiado, y él solo cubre lo esencial de los fracasos: molécula equivocada, posología insuficiente, duración demasiado corta, ausencia de tratamiento tópico, ausencia de rasurado allí donde estaba indicado, animales del hogar no tratados, entorno no saneado. La ficha técnica de la griseofulvina lo formula en una frase: en caso de infradosificación, las recaídas son frecuentes (ANSES-ANMV, 2026).

El segundo es la afección subyacente: hipercorticismo, diabetes mellitus, infección por el virus de la leucemia felina o por el virus de la inmunodeficiencia felina, proceso tumoral.

El tercero es otro tratamiento en curso, por ejemplo corticoides prescritos para un prurito, y el cuarto el fondo genético del animal.

Son, pues, el cumplimiento, la dosis y la duración lo que hay que revisar antes que nada, y después la reinfección desde el entorno o desde un congénere no tratado.

8.2 Resistencia verdadera y determinación de las concentraciones mínimas inhibitorias

La resistencia existe y está mejor documentada que hace diez años. En efecto, se habían notificado cepas de M. canis resistentes al ketoconazol y al fluconazol, y las infecciones por Trichophyton spp. del perro ya podían resultar difíciles de eliminar con griseofulvina (Miller et al., 2013). Los datos recientes, expuestos más arriba, añaden una cepa felina resistente a la terbinafina por sobreexpresión de transportadores ABC, y una frecuencia baja pero medida en grandes series.

Sin embargo, el fracaso terapéutico alcanza hasta el 40 % de los pacientes tratados por una infección por M. canis, y la ausencia de un método de referencia normalizado para evaluar la sensibilidad de esta especie constituye el obstáculo mayor a la apreciación de la resistencia en los casos no respondedores (Aneke et al., 2018).

La determinación de las concentraciones mínimas inhibitorias tropieza, pues, con tres dificultades. La primera es metodológica: la correlación entre resultado in vitro y evolución clínica solo se observó incubando conidios durante tres días a 30 °C, y no con otros inóculos ni otras duraciones. En esas condiciones precisas, las cepas procedentes de animales curados con itraconazol mostraban concentraciones mínimas inhibitorias inferiores o iguales a 1 µg/ml, y las procedentes de animales no curados valores superiores a 1 µg/ml (Aneke et al., 2020). La segunda es interpretativa: ningún umbral clínico está validado en el perro y el gato, y el establecimiento de un umbral para M. canis se presenta como una necesidad urgente (Liang et al., 2025). La tercera atañe a la naturaleza misma de la actividad medida: sobre 8 cepas de M. canis, las concentraciones mínimas fungicidas resultaron muy superiores a las concentraciones mínimas inhibitorias, de 2 a más de 32 mg/l para el itraconazol frente a menos de 0,03 a 0,125 mg/l en concentración inhibitoria, lo que confirma el carácter fungistático de la molécula y recuerda que una concentración inhibitoria baja no significa que el hongo esté muerto (Nojo et al., 2026).

Finalmente, se ha notificado un 30 % de resistencia a la terbinafina entre dermatofitos aislados en pacientes humanos y en bovinos en Irán, con una concentración mínima inhibitoria de 16 µg/ml para una de las especies (Mohammadifard et al., 2022). El contexto es lejano al nuestro y la población no es ni canina ni felina.

En el plano práctico, la determinación de las concentraciones mínimas inhibitorias solo se justifica tras haber descartado las causas de fracaso de la sección anterior. Exige un laboratorio especializado y condiciones técnicas precisas, y la muestra a enviarle es la cepa aislada en cultivo, no un hisopo. La identificación de especie por método molecular prima sobre ella, puesto que es la especie implicada la que orienta hacia la probabilidad de una resistencia.

Un spitz macho entero de 8 años, de 10 kg, presentaba alopecia, descamación, eritema y prurito persistentes pese a varios ciclos de itraconazol y de tópicos a base de miconazol al 2 % y de terbinafina. El diagnóstico se confirmó mediante examen microscópico, cultivo y biopsia con punch. La elección del posaconazol, decidida sobre los resultados del antifungigrama, permitió una mejoría clínica marcada sin efecto adverso (Tiwari et al., 2026). Se trata de un caso aislado, lo que impide extraer de él una recomendación; ilustra en cambio la secuencia a seguir, identificación, antifungigrama, molécula de rescate, y el hecho de que una molécula fuera del repertorio habitual puede responder allí donde las tres moléculas corrientes han fracasado.

8.3 Formas nodulares profundas y razas predispuestas

El seudomicetoma dermatofítico es una forma profunda, nodular, en la que el hongo se desarrolla en la dermis y la hipodermis dentro de una reacción granulomatosa. Afecta preferentemente al persa, lo que ha hecho pensar en una predisposición racial sin que el mecanismo se haya establecido.

Dos gatos, un persa y un maine coon, presentaron una dermatofitosis generalizada con seudomicetoma por M. canis, siendo la cepa sensible in vitro tanto al itraconazol como a la terbinafina. El itraconazol se retiró en uno por ineficacia y en el otro por efectos adversos inaceptables. Ambos animales obtuvieron una curación clínica y micológica tras 12 a 14 semanas de terbinafina a 26 a 31 mg/kg cada 24 horas por vía oral. En el maine coon, los signos clínicos desaparecieron tras 7 semanas. En el persa, 4 semanas de tratamiento complementario con baños semanales de un champú que asocia clorhexidina al 2 % y miconazol al 2 %, tras rasurado, redujeron el seudomicetoma en un 98 %, habiéndose extirpado después quirúrgicamente la lesión residual. La dermatofitosis generalizada recidivante de este persa se controló a continuación con un tratamiento pulsado, a razón de 26 mg/kg de terbinafina cada 24 horas una semana al mes. En estos dos gatos no se identificó ninguna afección subyacente predisponente pese a exploraciones exhaustivas (Nuttall et al., 2008).

La forma nodular responde, pero al precio de duraciones de tratamiento que se cuentan en meses y no en semanas. Y el fracaso de un azol sobre una cepa sensible in vitro no es necesariamente una resistencia: puede deberse a la penetración del producto en un tejido granulomatoso.

8.4 Hembra gestante o lactante y animal de menos de 12 semanas

Las contraindicaciones reunidas en la Tabla 1 dejan a una población sin tratamiento sistémico. La griseofulvina es teratógena: no se da ni a la hembra gestante ni al animal de menos de 12 semanas. El ketoconazol es teratógeno y embriotóxico en el animal de laboratorio, y su empleo no se recomienda durante la gestación. No se da itraconazol a la gata gestante ni a la gata lactante. La terbinafina no tiene autorización veterinaria, y sus datos de seguridad en estas poblaciones no se han hallado en la literatura.

Ninguna molécula sistémica es, pues, utilizable en la gata gestante, la gata lactante y el gatito de menos de 12 semanas, es decir precisamente en los animales de un criadero en plena temporada de reproducción, y en los que desarrollan las formas más graves.

Ningún estudio ha evaluado lo que hay que hacer en esta situación. Lo que sigue es, por tanto, un razonamiento, no un dato publicado. El tratamiento se reduce entonces a la vertiente tópica y ambiental, desinfección de todo el pelaje con un producto de actividad remanente, descontaminación del entorno, aislamiento de los animales afectados, a lo que se añade el argumento de la sección 1.1: la enfermedad cura espontáneamente, y diferir el tratamiento sistémico hasta el destete o hasta el término de la gestación cuesta tiempo de contagiosidad, no una posibilidad de curación. La decisión corresponde al clínico, caso por caso, sopesando la gravedad de las lesiones frente al riesgo teratógeno.

8.5 Animal inmunodeprimido

La inmunodepresión figura entre las causas clásicas de cronicidad, en sus formas tanto espontáneas como iatrogénicas (Miller et al., 2013). En el gato, la coinfección por el virus de la inmunodeficiencia felina impone además una limitación farmacológica propia: la griseofulvina se emplea allí con precaución por el riesgo de neutropenia iatrogénica (ANSES-ANMV, 2026). Esta restricción reduce aún más las moléculas utilizables en animales que son precisamente aquellos cuya infección más resiste.

La conducta consiste en buscar la afección subyacente antes de incriminar al tratamiento, en suspender en lo posible el inmunosupresor en curso, y en prever de entrada una duración de tratamiento superior a la de un animal inmunocompetente.

8.6 Particularidades caninas

El perro no es un gato de gran tamaño, y tres diferencias gobiernan la conducta.

En primer lugar, el agente difiere. Aunque Microsporum canis también predomina en el perro, el complejo Trichophyton mentagrophytes ocupa allí un lugar que la clínica felina apenas conoce. Sobre 90 perros con lesiones cutáneas examinados en Egipto, 47 eran positivos en cultivo, con M. canis en el 60 % de los aislamientos y T. mentagrophytes en el 20 % (Zineldar et al., 2025). Hay que añadir una inversión del sentido de la contaminación: una serie india sobre 30 perros aisló 14 M. canis, 8 Trichophyton rubrum, 6 M. gypseum y 2 Epidermophyton floccosum, traduciendo la frecuencia de T. rubrum una transmisión del hombre al perro (Vadakkoot et al., 2024).

Después, la presentación difiere. Sobre 64 perros infectados por el complejo T. mentagrophytes en el centro de los Estados Unidos, las lesiones se localizaban en el puente nasal en el 48 % de los casos y en la cabeza excluidos los pabellones auriculares en el 21 %. La incidencia era más elevada en el grupo de los perros de deporte, con el 43 % de los casos, y en los terriers, con el 20 %. Se observó una influencia estacional, culminando la aparición de los signos en octubre (Pieper et al., 2023). Esta topografía facial y este perfil de razas remiten al modo de contaminación: el perro que escarba se encuentra con el dermatofito del roedor.

Finalmente, el tratamiento no difiere. En esa misma serie, ketoconazol, itraconazol y terbinafina aparecieron como equivalentes como opciones sistémicas (Pieper et al., 2023). El perro no exige, pues, una molécula particular, pero obliga a recordar que las infecciones por Trichophyton pueden resistir a la griseofulvina (Miller et al., 2013), lo que desplaza la elección hacia las tres moléculas anteriores.

Por último, la primera detección de Trichophyton indotineae en un perro en África se notificó en Egipto (Zineldar et al., 2025).

9 Vacunación: estado de la cuestión

La vacunación contra las dermatofitosis presenta una paradoja: ha funcionado, pero no en el perro y el gato.

En los rumiantes, vacunas de células fúngicas vivas atenuadas inducen una respuesta de mediación celular, que protege duraderamente frente al desafío homólogo. En Noruega y en algunos otros países, la vacunación sistemática contra la dermatofitosis bovina ha eliminado casi la enfermedad, y la infección humana por Trichophyton verrucosum se ha vuelto allí casi inexistente (Lund y Deboer, 2008). En Europa, vacunas de hongo vivo modificado liofilizado han permitido controlar dermatofitosis endémicas en bovinos y en el zorro (Miller et al., 2013).

En el gato, la vacuna fracasó. Una vacuna inactivada contra M. canis se comercializó en 1994 para el tratamiento y la prevención de la dermatofitosis felina; la experiencia clínica solo mostró un beneficio limitado y el producto se retiró (Miller et al., 2013).

En el gato de laboratorio, la inyección intradérmica de una vacuna inactivada de M. canis produjo reacciones de hipersensibilidad inmediata y retardada en los animales en infección activa y en los que habían curado de ella, pero no en los animales normales no expuestos. En estudios controlados frente a placebo, los gatos vacunados desarrollaron títulos elevados de inmunoglobulinas G anti-M. canis, comparables a los que induce la infección natural, así como un aumento de las respuestas blastogénicas linfocitarias al antígeno, más débiles no obstante que las de la infección natural. Pese a esta respuesta inmunitaria, todos los gatos desarrollaron una dermatofitosis cuando fueron inoculados o cuando se introdujo un gato infectado en la colonia (Miller et al., 2013).

Las vacunas disponibles pertenecen todas a la primera generación, la literatura científica es demasiado escasa para concluir sobre su eficacia y sus indicaciones, y los intentos de vacunas de subunidades basadas en las queratinasas solo han tenido un éxito limitado. La vía que queda abierta consiste en identificar los epítopos T mayores capaces de desencadenar específicamente una reacción de hipersensibilidad retardada, siendo una respuesta fuerte de tipo T colaborador de tipo 1 la condición de una protección (Lund y Deboer, 2008). Cabría esperar un beneficio comparable al obtenido en los bovinos si una vacuna segura y eficaz llegara a estar disponible contra M. canis en el perro y el gato, pero no lo está.

Sin embargo, si bien las vacunas fúngicas no se han mostrado eficaces frente al desafío infeccioso, hay elementos que indican que podrían resultar útiles en los protocolos de tratamiento (Moriello, 2004). Esta vía no ha dado lugar desde entonces a un producto disponible.

En 2026, la vacunación no forma parte, pues, ni del tratamiento ni de la prevención de las dermatofitosis del perro y del gato.

Conclusión

Los principios del tratamiento no han cambiado: un antifúngico sistémico, una desinfección tópica de todo el pelaje, una descontaminación mecánica y fúngica del entorno, y una suspensión fundada en cultivos negativos sucesivos y no en el aspecto de las lesiones. Lo que ha cambiado son los medios y el contexto. En Francia, el itraconazol se ha instalado en primera intención en el gato, donde es el único que dispone de una autorización en la indicación. La terbinafina se impone como alternativa fungicida, a condición de adoptar 21 días y no 14 como duración mínima: la duración real se ajusta a los cultivos. El ketoconazol sigue siendo el único azol titular de una autorización veterinaria en el perro, y la griseofulvina sobrevive en una única presentación en polvo oral poco práctica. En el perro, por último, la única serie algo consistente sitúa ketoconazol, itraconazol y terbinafina al mismo nivel, lo que deja al clínico la elección de la molécula pero le obliga a salir de la autorización para dos de ellas. De los dos tópicos corporales con actividad remanente establecida, solo uno es accesible en Francia: el enilconazol en emulsión.

La PCR, seductora por su rapidez, produce falsos positivos y no dice nada de la curación. Y la resistencia ha dejado de ser una hipótesis de escuela: un mecanismo de mutación de la escualeno epoxidasa circula en el complejo Trichophyton mentagrophytes, mientras que Microsporum canis desarrolla, raramente, una resistencia por eflujo de la que se ha notificado un caso felino. Ninguno de estos mecanismos se relaciona hasta la fecha con fracasos clínicos documentados en carnívoros domésticos en Europa, y el fracaso terapéutico, que alcanza hasta el 40 % de los casos, se explica casi siempre por la dosis, la duración, la ausencia de tópico o un entorno no saneado. La consecuencia práctica es, por tanto, revisar el protocolo antes de incriminar al hongo, y después hacer identificar la especie por método molecular si el fracaso persiste.

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