El invierno suele asociarse con un respiro para las alergias, pero la realidad es que durante esta época muchas mascotas siguen sufriendo —o incluso empeoran— sus síntomas. No, las alergias no desaparecen con el frío: simplemente cambian.

En los meses de invierno, aumentan los alérgenos de interior como los ácaros del polvo o el moho. Además, el uso continuado de calefacción reduce la humedad ambiental, lo que impacta negativamente en la función barrera de la piel. El resultado es una barrera cutánea más frágil, mayor sequedad, picor persistente, enrojecimiento y un aumento de las infecciones secundarias.
La piel es la primera línea de defensa del organismo, y cuando se debilita, el sistema inmunitario reacciona con mayor intensidad frente a los alérgenos. En pacientes con dermatitis atópica, estas alteraciones se traducen en un aumento del prurito, inflamación cutánea persistente y mayor predisposición a infecciones secundarias bacterianas o por Malassezia. Asimismo, es frecuente observar un incremento de patologías asociadas como otitis externa recurrente, incluso en pacientes aparentemente estabilizados.
En Nextmune abordamos las alergias desde la raíz del problema. Gracias a nuestro enfoque en inmunoterapia alergeno-específica personalizada, ayudamos a entrenar el sistema inmunitario para que tolere los alérgenos responsables, en lugar de reaccionar frente a ellos. A diferencia de las terapias sintomáticas, este tratamiento no solo controla los síntomas, sino que modifica el curso de la enfermedad, ofreciendo una solución a largo plazo y mejorando significativamente la calidad de vida del paciente y su familia.
El invierno es un momento estratégico para reevaluar el control de las alergias, reforzar el cuidado de la piel y reforzar estrategias terapéuticas dirigidas a la causa subyacente de la enfermedad. Porque las alergias no son estacionales cuando se tratan de verdad.